Hijos de madres heroínas



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Si me hubiesen abortado

En la época en que nació se consideraba intolerable esta situación. Su madre lo dejó en una canastilla junto a una fuente con la esperanza de que alguna persona caritativa lo recogiera.

Una indígena lo crió dándole su leche durante los primeros tres meses. Luego lo asistió una tía quien falleció, quedando en completa orfandad a los nueve años.

Con el tiempo, estudió Derecho y Teología. Fue diputado, escribió numerosos libros y después se consagró como sacerdote. Antes y después de su consagración, fue líder de la cultura y de la sociedad ecuatoriana que le amó y le ayudó en sus obras que han perdurado hasta hoy: fundó las Congregaciones de los Misioneros y Misioneras Oblatas, comenzó la Construcción de la Basílica del Voto Nacional, fundó orfelinatos y lugares de amparo para los marginados.

Varias generaciones se han beneficiado gracias a que al niño (hoy en día Monseñor) Julio María Matovelle se le permitió vivir, aunque sus primeros años estuvieron llenos de tanto sufrimiento. ¡Y pensar que Monseñor Matovelle fue hijo de una madre soltera!

Fuente: Pronacer Informativo, Ecuador (septiembre de 1991). Boletín de la organización pro vida Pronacer, dirigida por la Dra. Olga Reyes, M.D.

Una historia no contada

He estado involucrada en el movimiento pro vida desde 1968, cinco años antes de que el Tribunal Supremo de EE.UU. legalizara el aborto a petición durante todo el embarazo en todos los Estados del país. Desde 1976 he dado cientos de charlas a diferentes grupos sobre el resultado de esa catastrófica decisión: millón y medio de abortos quirúrgicos cada año.

Sin embargo, como las estadísticas suelen ser datos fríos y sin vida, he decidido contarles hoy una historia real para ilustrar la horrible realidad del aborto y la belleza de la vida. Se trata de una historia que nunca antes se había contado.

Una joven pareja, ambos de 19 años de edad, querían casarse. Los padres de él se opusieron porque era una familia rica que abrigaba grandes esperanzas para su futuro, ya que tenía talento para la música. Los padres de ella también se opusieron porque ella era la belleza de la familia, muy inteligente y también esperaban grandes cosas de ella.

Se casaron en secreto y continuaron viviendo en sus casas, pero ella quedó embarazada enseguida. Los padres de él rehusaron ayudarles económicamente a no ser que ella abortara, el papá mismo pagaría por el aborto. Los padres de ella no aceptaban el matrimonio, pero aunque nunca hubiesen estado de acuerdo con el aborto, ella tenía miedo de hablar con ellos sobre su embarazo.

La joven pareja decidió no abortar. El realizaba trabajos manuales y componía música mentalmente mientras trabajaba. Luego en la noche la escribía.

Meses más tarde el crimen organizado se mudó al barrio donde él trabajaba. El rehusó cooperar con los bandidos y su vida se vio amenazada. Sus padres entonces intentaron de nuevo convencer a su esposa de abortar. "Puedes decirles a tus padres que fue una pérdida (un aborto espontáneo)", le dijeron a ella. La presión económica se acrecentó cuando él perdió su trabajo y casi su propia vida. Ella seguía embarazada y sus padres no podían ayudarla económicamente. ¿Cómo podrían alimentar y vestir a la criatura que llevaba en su seno?

Mucha gente diría hoy equivocadamente: "Lo más razonable en esa situación es el aborto". Esto pasó en 1936, durante la Gran Depresión Económica en EE.UU. La joven pareja escogió la vida para su hijita y nunca se arrepintió de ello. Tampoco yo me he arrepentido. Ellos son mis padres y yo soy su primera hija.

Fuente: Testimonio de la Hermana Marianne Alpha, C.V. La Hermana Alpha trabaja para Human Life International y es experta en catequesis y educación religiosa.

"¡No mate a mi niño!"

De su bohío techado de pencas salió don Nicolás Hernández a buscar un médico, porque su esposa doña Ana María estaba grave y de parto. Sus amigos le prestaron dinero, porque don Nicolás era muy pobre.

Cuando el médico llegó, doña Ana María se debatía entre la muerte que le asechaba y la vida que quería nacer. "A ella le quedan 15 minutos de vida y tenemos que sacar al niño", dijo el médico mientras sacaba las herramientas para practicar el aborto.

"¡No mate a mi niño!, déjeme así y atiéndame a sangre fría", ordenó la madre.

Ambos sobrevivieron, y su madre, recientemente fallecida, le acompañó por muchos años.

Quique creció en el bohío con sus padres y el resto de sus seis hermanos. Después fue creciendo y comenzó a ayudar a sus padres. Desde joven se destacó por ser muy trabajador y por ayudar a su familia. "Después que se ordenó sacerdote aprovechó el tiempo libre y se fue a picar caña en mi finca," dice orgulloso el padre.

Hoy en día Monseñor (Quique) Hernández es Obispo de Caguas, Puerto Rico. Su amor por la agricultura continúa. Ha dado instrucciones para que se desarrolle un programa de ayuda a los agricultores de la región. También ha fundado 11 parroquias y dotado a la diócesis de edificios apropiados para los servicios sociales y pastorales de la población.

Su propia vida tan fructífera ha terminado siendo el mejor testimonio de lo mucho que puede dar una madre valiente.

Fuente: El Visitante de Puerto Rico, 5 de junio de 1993.

Cómo agradecerte
Por Hernán Fernández Rojas, de Chile

Cómo agradecer tu regalo de vida.
Cómo agradecer tu regalo de amor,
que es toda mi existencia
que en tu vientre se tejió.

Cómo agradecer el sol
que tu mirada me mostró.
Cómo agradecer tu ternura
que mi cuna construyó

Sólo consagrando mi vida,
sólo consagrando mi ser,
por ti madre,
por ti dulce mujer.

Fuente: Enviado por el autor a Vida Humana Internacional.



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