La violencia jamás se debe utilizar
para combatir el aborto
Por Adolfo J. Castañeda



Queremos afirmar y demostrar la verdad del total y absoluto rechazo que se debe tener siempre al uso de la violencia contra las personas que practican el aborto o que están a favor de él. Nadie tiene el derecho por cuenta propia de utilizar la violencia ni mucho menos de acabar con la vida de otra persona, ni siquiera la suya propia. Todos tenemos un valor intrínseco como personas humanas, incluyendo los que practican abortos o cometen cualquier otro tipo de crimen.

Es cierto que una persona puede usar la fuerza para defenderse o para defender a un inocente de un injusto agresor. Pero jamás puede hacerlo con la intención de matar al agresor, sino solamente debe actuar con el objeto de anular el ataque. La muerte del agresor sólo puede ocurrir como un efecto indirecto del empleo de la fuerza, y no como algo directamente querido o efectuado.

En el caso de los que matan abortistas, este principio no se cumple porque claramente lo hacen de forma directa y además porque pueden hasta poner en peligro la vida de otras personas, como por ejemplo la vida de las madres que llevan a sus hijos en su seno, o aun a estas mismas criaturas inocentes.

Hay algunos que falsamente alegan que estas personas que matan abortistas están justificadas debido a que están tratando de abolir un sistema injusto. Hay otros que invocan la justificación de la pena de muerte para legitimar estos actos. El uso de la fuerza para derrocar a un tirano se puede utilizar sólo en casos muy raros y bajo estrictísimas condiciones. Todas y cada una de las siguientes condiciones tienen que cumplirse para que se justifique el uso de las armas para derrocar a un gobierno totalmente injusto:

Ahora bien, está bien claro también que ninguna de estas condiciones se cumplen ni de cerca en todos los casos de violencia contra los abortistas que han ocurrido o que pudieran ocurrir en el futuro a manos de individuos o grupos. Solamente las autoridades civiles pueden usar legítimamente la fuerza para proteger el bien común y librarlo de agresores injustos. De manera que tampoco los razonamientos en favor de la pena de muerte aplican aquí. Aquéllos que intentan derrocar a un tirano deben hacerlo como representantes legítimos de un gobierno legítimo que intenta reemplazar a un gobierno ilegítimo. Está claro que ninguna de las personas o grupos que ha realizado actos de violencia contra los abortistas o aquéllos que los justifican representan ni al movimiento pro vida auténtico ni tampoco a ningún pueblo de ninguna nación donde el aborto ocurra legal o ilegalmente.

Está bien claro también que aunque el aborto es algo abominable y totalmente injusto, sin embargo, en las naciones del mundo donde éste existe, hay leyes justas que permiten un proceso pacífico, el único válido, para detener la violencia del aborto. Aun en aquellos países donde, además del aborto, hay un gobierno injusto, el uso de la fuerza para detener el crimen del aborto no está justificado, pues todavía en países como ésos existe la posibilidad de la persuasión para convencer a la gente sobre la crueldad del aborto. Además, las otras dos condiciones enunciadas no se cumplen.

Además de todo esto, la violencia jamás podrá justificarse para detener el aborto en ningún país del mundo, sea el resto de su sistema justo o injusto, por las siguientes razones:

1. Los proabortistas mismos son personas humanas con una dignidad intrínseca. Si los matamos les estaremos quitando la oportunidad de cambiar su manera de pensar y actuar, lo cual debe ser precisamente uno de los objetivos principales de cualquier movimiento pro vida auténtico. Pero aunque no cambien, no tenemos ningún derecho de hacerles ningún daño, ya que son seres humanos igual que nosotros y no tenemos el derecho de quitarles la vida ni de causarles daño. Además, la violencia contra ellos causaría un gran dolor a sus hijos, familiares y amigos, los cuales probablemente no estén al tanto de sus acciones o no estén de acuerdo con ellas, y si lo estuvieran, este tipo de acción ciertamente no les ayudaría tampoco a cambiar su manera de pensar y actuar.

2. La violencia contra los proabortistas contradice la esencia misma de la postura pro vida: la promoción del respeto por toda vida humana, nacida o por nacer, sin importar su condición física, mental, espiritual o moral. Supongamos que no existiera ningún aborto, las personas del movimiento pro vida se dedicarían a defender la vida y los derechos de otras personas, como los marginados, los pobres y los enfermos. De hecho, ya muchos lo están haciendo. Aquellas personas o grupos que se llaman a sí mismos "pro vida" y que justifican o realizan estos actos de violencia, se han apartado del verdadero movimiento pro vida y les pedimos que rechacen esa actitud y esa conducta y regresen a la verdad.

3. La violencia contra los proabortistas le causa un daño inmenso al auténtico movimiento pro vida. La tendencia de los que están a favor del aborto, especialmente de los activistas proaborto, es la de culpar a todos los activistas pro vida de violentos, debido a una falsa imagen creada por actos de violencia contra los proabortistas. El público en general empieza a equivocadamente sospechar de todas las personas pro vida.

4. Por otro lado, ante estos hechos, las autoridades toman medidas muy fuertes contra cualquier tipo de protesta, aun pacífica, en frente de las clínicas de aborto. Ya se han dado casos de personas pro vida que han sido encarceladas o multadas severamente por sólo realizar actos de protesta pacífica y aun silente frente a una clínica de aborto. En otras palabras, la violencia contra los abortistas le pone trabas a las manifestaciones pacíficas en contra del aborto. Sin embargo, las autoridades sí deben tomar medidas para proteger de ataques violentos a las personas que trabajan en clínicas de abortos, al mismo tiempo que permiten la protesta pacífica ante dichas clínicas.

5. La violencia engendra más violencia y no detiene la violencia del aborto, pues obviamente de esta forma se endurecen más aún los corazones de los que están a favor del aborto o de los que lo practican.

Debemos señalar también que la prensa le ha dado mucha publicidad a estos actos abominables y totalmente injustificados de violencia contra los abortistas. Pero no le ha informado al público de los actos de violencia realizados por los activistas a favor del aborto o por los que lo practican. La prensa y los medios de comunicación, sobre todo a nivel nacional en países como los Estados Unidos, no les han dado suficiente publicidad a los muchos casos que ocurren al año de muertes de mujeres a manos de médicos que practican abortos legales. Por ejemplo, en la misma ciudad de Pensacola, Estado de la Florida, Estados Unidos, donde han matado a tres abortistas, murió una mujer de 30 años, llamada Pamela Colson, a consecuencia de un aborto legal en una clínica de abortos. Sólo la prensa local reportó el caso. Sin embargo, los casos de Griffin y Paul Hill, los asesinos de los abortistas, fueron reportados en periódicos y revistas a nivel nacional e internacional. ¿Cuántas mujeres más habrán muerto a manos de abortistas en Pensacola u otras ciudades y sus muertes no han sido reportadas? ¿Quién llora o protesta por estas mujeres que mueren y por los hijos que quedan? ¿Por qué no se le informa al público y especialmente a las mujeres de los daños, aun mortales, del aborto? ¿Por qué no se les hace rendir cuentas a los médicos abortistas culpables de estos hechos, sino que se les deja seguir practicando abortos impunemente?

Además, se han dado innumerables casos de violencia por parte de la policía y de activistas proaborto contra pacíficos manifestantes pro vida. Ha habido agresiones con bates, automóviles y hasta armas de fuego que casi les causan la vida a los activistas pro vida. Incluso, ya hubo un caso de asesinato de un pastor evangélico, que se destacaba por su ministerio pro vida, a manos de una activista a favor del satanismo. Aunque no está claro si el motivo fue porque este pastor era pro vida, hay razones para sospecharlo, debido a las conexiones existentes entre algunos activistas proaborto y el satanismo.

Por supuesto, de ningún modo estamos diciendo que los actos de violencia contra los proabortistas quedan justificados por estos otros actos de violencia. Ninguno de ellos está justificado. Todos ellos son totalmente reprobables. El más reprobable de todos es la destrucción de los seres humanos más inocentes que existen, los cuales son masacrados en el mismo vientre de sus madres. Desde 1973, el aborto quirúrgico ha matado a más de 30 millones de bebitos por nacer en los Estados Unidos y a más de 50 millones todos los años en el mundo entero (sin contar los cientos de millones más causados por los anticonceptivos abortivos). ¿Quién llora por esos niños?

Sólo por medios pacíficos lograremos detener el crimen del aborto y cualquier otro crimen. En el caso del aborto, estos medios pacíficos son la educación, la persuasión, la acción legal y la ayuda material y espiritual a las mujeres embarazadas en situaciones de crisis. Nosotros en Vida Humana Internacional reiteramos nuestro compromiso a continuar utilizando y apoyando estos medios pacíficos y sólo éstos para detener el aborto.

FUENTE: Adolfo J. Castañeda, Vale la pena vivir (Miami: Florida Center for Peace y Vida Humana Internacional, 1998).



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