Cara a cara con el micrófono:
Cómo llegar a ser buenos oradores
en defensa de la vida
Por la Hna. Paula Vandegaer, L.C.S.W.



Introducción

Me agrada saber que estás leyendo este artículo, porque espero que ello signifique que aspiras a ser un orador en defensa de la vida. Educar a favor de la vida es uno de las obras más importantes del movimiento pro vida. El estar dispuesto a aceptar ese reto es hacer algo, no sólo estimulante, sino también desafiante, agotador y abrumador.

La necesidad que existe de oradores pro vida es grande. Es cierto que mucha de la educación pro vida se trasmite de persona a persona, pero nadie puede negar la importancia y el poder que tiene un mensaje bien claro y bien dirigido por una persona amable y sincera.

Consideremos algunos de los elementos necesarios para llegar a ser buenos oradores en defensa de la vida.

Tu meta

Si eres pro vida, tu meta es mucho mayor que si quisieras ser un orador para enseñar cómo plantar cebollas o cómo cocinar un rico plato. Por supuesto, tienes la meta de compartir información, pero tu prioridad es convertir corazones y curarlos. Tu meta no sólo será la de compartir información sobre el desarrollo fetal, la eutanasia, etc., sino también que los corazones de esos que te escuchen experimenten un cambio. Esta meta afectará no sólo la orientación de la charla, sino también tu preparación.

Debes recordar que algunas de las personas que te escucharán ya se han practicado un aborto. Esto será cierto de cualquier público al que te dirijas. Recuerda que en EE.UU. ha habido aproximadamente más de 20 millones de mujeres que se han practicado el aborto y probablemente 20 millones de hombres involucrados en dicha decisión. Eso nos da un total de 40 millones de personas.

Pero además de lo mencionado, probablemente esos 40 millones de hombres y mujeres recibieron consejo o apoyo de alguna otra pareja, amigo o miembro de su familia. Estas personas que les apoyaron o que les influenciaron están ahora personalmente involucrados de alguna manera en la decisión de abortar. Esto significa que hay un total de aproximadamente l20 millones de estadounidenses que han asumido una postura activa en hacer que el aborto sea una decisión aceptada y aprobada.

Por lo tanto, si tu público es típicamente estadounidense, puedes estar seguro de que por lo menos la mitad ha sido responsable por haber sugerido, apoyado o aconsejado a alguien que tomara la decisión de practicarse un aborto.

Esto significa que cualquiera que hable acerca del aborto tiene una doble meta. Tiene que ser una persona que diga la verdad y que al mismo tiempo transmita un mensaje de amor y curación. Estas dos características tienen que emanar de la persona que esté dando la charla. Debemos de dar un mensaje claro, con autoridad, pero lleno de amor y compasión.

Preparación interior

Antes de hablar, ora para que el Señor te conceda el privilegio de ser Su mensajero y de trasmitir Sus palabras. Concéntrate en el público y en amarlo. Si vas a debatir, ora para que el adversario no sea un enemigo. Ora para que el Señor te de valentía. Yo personalmente he estado dando charlas por muchos años, y todavía me pongo nerviosa antes de comenzar.

Generalmente, cuando comienzo una charla fijo mis ojos en el público y me sereno. Las personas a las cuales me estoy dirigiendo ya no son seres anónimos, sino que se convierten en verdaderas personas, y así comienzo a establecer una afinidad con ellos. Aunque quisiera, todavía no he encontrado la forma de poder relajarme antes de dar una charla. El padre John Powell me dijo que sólo amara a mi público y eso sería suficiente. Ese pequeño consejo vino de su propia experiencia. Sin embargo, mi nerviosismo viene de querer trasmitir bien el mensaje y de ser aceptada por el público. Mi objetivo principal, sin embargo, no es lucir bien, hacerlo bien o ser aceptada, sino trasmitir la verdad con amor.

Recuerdo que una vez tenía que hablar en un programa de televisión. Pensé que tanto el anfitrión del programa como el público se mostrarían hostiles. Estaba nerviosa, y después de orar, decidí imaginarme que el público consistiría de seres angelicales y que así tendría una audiencia amistosa. En ese público visualicé a los niños abortados, a San Pablo, a los miembros de mi familia que han muerto, a mis compañeros de trabajo, etc. Cuando llegué allí, en mi mente tenía ante mí a un público amable y esto me sirvió para sentirme relajada, risueña, y capaz de hablar en una forma firme, convincente y cariñosa.

Cómo ser un buen orador

Sin duda que lo más importante, al transmitir un mensaje difícil, es conocer bien el material que se va a presentar y tenerlo bien organizado. Sin embargo, dar una charla en defensa de la vida implica mucho más que simplemente exponer y dictar pasos a seguir. Significa hablar la verdad, pero con amor. Esto quiere decir que el mensaje tiene que venir del corazón. ¿Cómo fue que tú te convenciste de la verdad del mensaje que estás transmitiendo? Puedes hablar con pasión y convicción sobre el tema que conoces.

Recuerdo que una vez tuve que presentarme ante una importante agencia del gobierno que estaba realizando una investigación sobre la fertilidad y la anticoncepción. Yo estaba muy nerviosa, porque nunca había tenido que hacer algo así.

Entonces comencé a preguntar a varias personas qué debía decir. Todo el mundo me dijo, no sólo lo que debía decir, sino también lo que no debía decir. Tenía la opinión de todos sobre lo que impactaría y lo que fracasaría. Todo eso me puso verdaderamente nerviosa. No hallaba cómo organizar mi charla, no sabía qué hacer.

Finalmente comencé a orar y pasé mucho tiempo meditando. Me pregunté qué era lo que yo quería decir, qué era lo que mi corazón sentía que quería trasmitirle a esa organización.

Decidí no llevar la información de nadie sobre los anticonceptivos o la fertilidad y utilizar la mía propia, así como mis creencias y mi entendimiento del porqué de mis creencias. Sólo teníamos l5 minutos para hablar y tuve que quedarme durante una hora y 20 minutos debido a la cantidad de preguntas que me hicieron.

Esa experiencia me enseñó que la verdad que existe en nuestros corazones es más fuerte que cualquier otra verdad.

Con esto no quiero decir que nuestra experiencia sea suficiente para hacernos buenos oradores. Debemos también de preparar nuestro material para que el público nos perciba como personas instruidas y así poder convencerlo de que no sólo estudiamos, sino de que también comprendemos personalmente nuestro material. No estamos solamente para dar nuestras opiniones, sino también para dar la información correcta y actualizada.

Por lo tanto, haz uso del material informativo que otras personas han preparado para documentar tus argumentos y para adaptarlos a todo tipo de persona. Pero también usa tus propias experiencias. Si haces esto, el público inmediatamente te percibirá como alguien que tiene autoridad sobre el tema. Después de todo, ¿porqué estás ahí hablando y ellos escuchando? Ellos están ahí porque les interesa saber lo que tienes que decir.

Algunas veces te encontrarás ante un público algo hostil, pero la mayoría de las personas son educadas. Aunque no estén de acuerdo contigo, no quieren ver fracasar a un orador.

En la mayoría de los casos, al menos la mitad del público estará de acuerdo con lo que se dirá sobre el aborto. Esto es un consuelo cuando uno se enfrenta a un público que uno no sabe cómo va a reaccionar.

Vístete bien

Si eres una mujer, ponte un vestido que sea sobrio y elegante, y que esté bien adaptado a tu medida, es decir, que no te quede ni apretado ni ancho. Trata de no usar vestidos floreados ni con muchos detalles. Para que tengas una mejor idea, fíjate en la ropa que usan las mujeres periodistas. Si eres un hombre, te sugiero que uses saco y corbata, y que ésta no sea muy llamativa. La atención del público debe de centrarse en tu rostro, y especialmente en tus ojos, no en cosas que sirvan para distraerlo.

La ropa dice mucho de la persona, así es que decide qué es lo más apropiado para tu público. Para un público joven quizá sea necesario usar algo sencillo y moderno. Recuerda que si luces demasiado elegante, mal vestido o deslumbrante, ese será el mensaje que transmitirás. No se necesita ser bien parecido para trasmitir un mensaje, pero sí lucir como una persona bien preparada, sincera, atenta y profesional, que trasmite autoridad y dominio sobre el tema que va a tratar.

Llega temprano

Sal más temprano de tu casa, así podrás llegar temprano al lugar de la conferencia, aunque te pierdas por el camino si no estás familiarizado con él o si surge alguna emergencia. Al llegar temprano también podrás compartir con las personas que van a asistir.

Cómo dar la charla

Prepara un buen comienzo. Muchos oradores comienzan la charla con una broma para poder conquistar la atención del público. Yo personalmente no soy muy buena en esto. Trata de comenzar con algo que le infunda confianza al público, algo con lo que éste se pueda relacionar. Si la charla es en un colegio, pregunta qué tal estuvo el último partido de baloncesto y quién ganó -- en caso de que el equipo de ese colegio hayan sido el ganador, felicita a los estudiantes y a su equipo. En otros casos puedes preguntar sobre alguna actividad buena que los miembros del grupo estén haciendo y elógialos por ella. Dile también al público que te alegras de poder estar allí.

No comiences la charla diciendo que tienes mucho material que cubrir y poco tiempo para hacerlo. Tampoco digas que estás nervioso o que tuviste muy poco tiempo para preparar la charla. Este tipo de declaración no relaja al público, lo cual es precisamente lo que quieres hacer para poder captar su atención.

Conoce el material

Habla sobre lo que sabes, lo que hayas estudiado o experimentado. Recopila información, las estadísticas pueden ser muy útiles, pero en pocas cantidades. Cuenta experiencias personales, el público recuerda más los testimonios y experiencias del orador que las estadísticas que éste presenta.

Mira hacia el público

Dirígete al público mientras estés dando la charla. Si esto te pone nervioso, entonces Dirígete a unas dos o tres personas de rostros amables, y de vez en cuando enfócalos a ellos.

No leas tu charla, más bien ten un esquema de los puntos que quieres tocar o desarrollar y síguelo.

Si tienes que leer la charla, levanta la vista a menudo y enfócala en los rostros de esas personas que se vean más amistosas.

Extiende tu voz

Si el público es numeroso, pide un micrófono para que te ayude a proyectar la voz. Prueba el micrófono para saber cuán cerca debes de hablar. Si te acercas mucho, las "s" y las "t" sonarán como explosivos. Si no te acercas lo suficiente, nadie te oirá. Para la mayoría de los micrófonos, un pie de distancia es más que suficiente.

Si no tienes micrófono, necesitarás proyectar tu voz. Para poder hacer esto, Dirígete a alguien en concreto en la última fila. Esto te ayudará a transmitir tu voz con mayor eficacia.



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