Los testimonios de otras mujeres



Testimonio de una especialista en ecografías
Por la Dra. Shari Richard


En 1979 después de haberme practicado dos abortos, comencé un entrenamiento en ultrasonidos (ecografía o sonogramas) para especializarme como radióloga. Cuando hice el primer examen de ultrasonidos en una mujer que tenía nueve semanas de embarazo, pude ver en la pantalla la imagen de un niño muy pequeño completamente formado y moviéndose. Se veía saltar feto y pude identificar como el corazón le latía, sus dedos y sus ojos. Podía medirlo,el feto medía aproximadamente una pulgada y ya todos sus órganos estaban formados. Lo que contemplé fue para mí como si me diesen una bofetada: en la imagen del ultrasonido vi un reflejo de mi pasado. Desde entonces, todos los días, cuando hago ecografías y veo a niños por nacer vivos en el vientre de sus madres, recuerdo mis propios abortos.

Durante un tiempo mis noches estaban llenas de pesadillas y el día lo pasaba entre súbitos ataques de ira, tristeza u hostilidad. Puesto que recibí una educación cristiana, un día recordé a Jesús, el amigo de mi niñez. Fui a un lugar tranquilo en la playa y le abrí a Él mi corazón. Derramé lágrimas de arrepentimiento y le ofrecí a Él todo mi dolor. Recé y le pedí a Jesús por estos niños. Todo mi dolor, mi tristeza, la ira y el odio que me embargaban desaparecieron y fueron reemplazados por una paz plena, paz que sólo puede provenir de Cristo.

Nota: Shari Richard es autora del video "Una ventana al seno materno", que distribuye Vida Humana Internacional y presidenta de Sound Wave Images (Imagenes de Ultrasonidos), 2422 Harness, West Bloomfield, MI. 48324, U.S.A.; (810) 360-0743.

Mis hijos me suplicaron que no abortase

Antes que nada, quiero decirle desde lo profundo de mi corazón que la quiero como si la conociese. Que Dios la bendiga a usted y los suyos así como a los que colaboran con usted por hacer el bien a nosotros los pobres.

Lita, voy a contarle mi historia. Soy una persona trabajadora y honrada, de esas que los patronos les gusta tener. Trabajaba mucho, tenía tres hijos, a los que no podía atender porque el patrono me me pedía más de lo que yo podía dar. Ellos se cuidaban solos. Yo trabajaba hasta el último día de mis embarazos pues ganaba bastante y quería sacarlos de la pequeña casita donde vivíamos y alimentarles mejor. Tenía que trabajar, porque mi esposo albañil no ganaba lo suficiente y si los niños enfermaban, gastábamos mucho en remedios y no nos alcanzaba el dinero.

Sra. Lita no sabía que no se podían hacer cosas como las que de hoy me arrepiento. Por no dejar de trabajar y darles lo que podía a mis hijos me hice muchos abortos, quería darles a mis otros hijos una casita humilde pero mejor y cumplí mi propósito. Luego fuí a una escuela y me hice peluquera.

Junto con mis hijos escuchábamos su programa de TV en la campaña contra el aborto, y yo lloraba por las cosas que hice y me acordaba de mis abortos, y le pedía perdón a Dios, después de darme cuenta de lo que había hecho. Por entonces me quedé de nuevo embarazada y mis hijos me suplicaron que no me hiciera el aborto. Me decían: "Mami no lo abortes, pídele ayuda a la Sra. Lazzari y ella te dirá qué hacer". Así pasaron 3 meses y yo seguí con mi embarazo gracias a Ud.

Ahora le doy las gracias a usted y a Dios por haberla mandado a este mundo a hacer el bien.

Fuente: Carta a la Sra. Lita P. de Lazzari, presidenta de la Liga de Amas de Casa en la Argentina.

Una abortista vuelve a la casa del Padre
Por Carol Everett



Les dije a los miembros de mi iglesia que yo había matado a mi propio bebé. Creí que ellos nunca podrían perdonarme. En mi mente el aborto era un pecado imperdonable.

Al terminar de hablar, para mi mayor sorpresa, se me acercaron las personas que me habían sacado del negocio del aborto y me abrazaron con gran cariño. En su mirada llena de ternura veía los ojos de un Dios lleno de amor y de perdón. No podía creerlo y me puse a llorar.

En ese momento, por medio de la aceptación de Su pueblo, Dios me purificó con Su amor - Su amor incondicional. Esa noche supe que la sangre de Jesucristo derramada por mí en la cruz me cubrió completamente todos mis pecados. Ahora ya no era la "Dama Escarlata", cubierta con la sangre de más de 35,000 niños abortados incluyendo a mi hijo. La Dama Escarlata estaba ya cubierta con la sangre de Cristo.

Nota: Carol Everett es autora del libro "Scarlet Lady", y es presidenta de "Life Network", 17430 Campbell Rd., Suite 206, Dallas, TX. 75252, U.S.A.; (214) 931-2273. Tomado de la revista "Celebrate Life" Marzo-Abril 1996.

Una experta en psicología
relata un caso clínico

En una ocasión llegó a mi gabinete una chica joven, de menos de treinta años, acompañada de una amiga. No podía estar sola en casa, porque sentía miedo. Cuando estaba en casa se cerraba con llave y decía que sentía un temor tremendo. Se sentaba en un rincón de la cocina y temblaba. No podía dormir.

Después de varias sesiones, me dijo que los días 19 de cada mes eran horribles, que tenía que ir algún familiar a estar con ella hasta que llegara su marido.

Al fin me explicó que hacía unos cuantos años había abortado y que el 19 de cada mes contaba ella las "faltas" de la menstruación.

Cuando se perdonó a sí misma y pidió perdón a Dios se sintió mejor.

FUENTE: María Pilar Ruiz Martínez, "Síndrome post aborto," VI Curso Nacional de Formación 1993, Asociación Jóvenes Pro vida de Bilbao.

Testimonio de Holly Trimble

"Cristo murió para que se cumpliese Su plan de salvación." Esas simples palabras, que pronunció el pastor de mi iglesia durante un estudio bíblico, por fin me permitieron aceptar el hecho de que había abortado hace más de dos décadas durante mi adolescencia. Cuando Cristo murió en la cruz, aceptó voluntariamente dar su vida para que mis pecados pudieran ser perdonados y para que yo pudiera reconciliarme con Dios. El sabía lo que ocurriría en mi vida antes de llamarme a ser Suya. Y El sabía cómo utilizar esas experiencias para mi bien. El ha utilizado el sufrimiento que yo he experimentado para formar mi carácter, para hacer más sólida mi decisión de enseñar a mis hijos los caminos de Dios y para luchar contra el aborto. A medida que experimento cómo Dios obra en mi vida, le confío más a El el eterno bienestar de mi hijo y aprendo también a confiar que mi vida, a pesar de mi pasado pecaminoso, tiene un propósito en el plan para el cual Cristo murió.

Fuente: Celebrate Life (marzo-abril de 1996): 15. La revista Celebrate Life es publicada por la American Life League, organización pro vida en EE.UU. Holly Trimble es la autora del libro Healing Post-Abortion Trauma: Help for Women Hurt by Abortion ("La curación del trauma post aborto: ayuda para las mujeres que han sido heridas por el aborto").

Justifiqué mi aborto durante cinco años

Yo justifiqué mi aborto durante casi cinco años, y hasta doné dinero a la National Abortion Rights Action League (NARAL-Liga Nacional de Acción del Derecho a Abortar en EE.UU.).

Mi vida se tornó muy auto destructiva debido (pienso yo), a la falta de autoestima consecuencia del aborto. Me entregué a la droga y a la música satánica "punk rock". Finalmente, en 1983 tuve una experiencia religiosa a través de la cual pude liberar ante Dios mi dolor y mis sentimientos de culpa, reprimidos durante tanto tiempo. Admití por fín que necesitaba Su perdón y Su curación, y que debía vivir la castidad.

Yo trabajaba en una pizzería y comencé a ver por TV el programa "Club 700" todos los días. El oír al Pastor protestante Pat Robertson hablar pausadamente sobre la inmoralidad del aborto según las Escrituras, me ayudó a retornar a Dios. Luego un compañero de trabajo me dió docenas de libros católicos y así finalmente aprendí lo que era la Iglesia. Más tarde leí Aborting America ("EE.UU. aborta") del Dr. Bernard Nathanson. Me convencí de que los niños por nacer son seres humanos y sentí la necesidad de hablar en defensa de ellos.

Aunque el proceso de curación post aborto resulta difícil, el trabajo a favor del derecho a la vida ha sido muy valioso para mí. Como estudiante graduada, ayudé a iniciar un club pro vida que logró impedir varios abortos y educar a varios estudiantes muy antagónicos. Inclusive, hacíamos manifestaciones pro vida cada sábado frente a la clínica de abortos llamada Centro de Bill Baird.

Más tarde ayudé a fundar una rama de Women Exploited by Abortion (WEBA-Mujeres Explotadas por el Aborto) y durante un tiempo fuí la representante de American Victims of Abortion (Estadounidenses Víctimas del Aborto) en Maryland. Y lo que es aún mejor, regresé a mi hogar y he sido bendecida con la conversión de mi padre, quien dejó de tomar en respuesta a una dura carta mía. He regresado a mi fe católica y estoy agradecida por el apoyo y las gracias sacramentales, con las que la Iglesia me ha ayudado a superar tanto dolor.

Mi consejo para la persona que esté pensando en practicarse un aborto es el siguiente:

Primero, le advierto que esta práctica no se ajusta a la ética médica si la "paciente" no ha sido informada debidamente antes de dar su consentimiento. Los aborteros no te advierten que hay dos pacientes corren riesgos (usted y su hijo por nacer), ya que su único interés es la ganancia financiera. Esa es la razón por la cual no te dicen la verdad acerca de los daños físicos, y menos aún, que existen otras alternativas.

Segundo, evítese el terrible trauma post aborto que inevitablemente seguirá al aborto. Uno comienza a justificar el aborto en el mismo momento en que el succionador comienza a funcionar. Generalmente toma de cinco a nueve años llegar al arrepentimiento. Nadie me dijo que al ejercer mi carrera de magisterio sentiría dolor al ver a los niños del segundo grado, ya que mi propio hijo hubiera estado ese año en dicho grado.

Tercero y lo más importante de todo, evite tener que pedirle perdón algún día al hijo perdido y rezarle de esta forma: "Si te hubiese conocido entonces, como te conozco ahora, nunca hubieses muerto."

Finalmente, acuda a un grupo pro vida, que le proporcionará información sobre las alternativas al aborto. Estos grupos han ayudado a miles de mujeres tan desesperadas como usted. Su esperanza cobrará vida desde el momento en que los llame.

Fuente: Kathy Kelly, "Víctima de un abortero explotador." Kathy Kelly fue directora del Programa post aborto de Human Life International (Vida Humana Internacional).

Testimonio de Patti Goodoien

Ocho meses después de mi aborto y cinco meses después de nuestra boda, Jim y yo nos dimos cuenta dolorosamente que si íbamos a sobrevivir como matrimonio y como cristianos, no podíamos continuar escapándonos de la realidad de nuestro aborto. Juntos nos enfrentamos a la horrible verdad de que no me había simplemente "practicado un aborto", sino que de hecho habíamos matado a uno de nuestros hijos. Nos arrepentimos, nos pedimos perdón mutuamente y le pedimos perdón a Dios. El Señor misericordiosamente nos perdonó. Años después, luego de haber expresado públicamente lo que había ocurrido, sentimos una nueva libertad. Aunque le habíamos negado el derecho a la vida a nuestra hija, teníamos en nuestras manos la posibilidad de restaurarle algo de su dignidad por medio de no seguir pretendiendo que ella no existía. El mensaje más importante de nuestro testimonio no es cuán horrible fue el aborto para nosotros, sino cuán misericordiosos son el amor y la misericordia de Dios. Queremos mostrar a los demás que verdaderamente El es fiel y justo en perdonar nuestros pecados, si nos volvemos a El, confesamos nuestros pecados, nos arrepentimos y creemos en El.

Fuente: Ibíd. Patti Goodoien es la directora de Open Arms Ministries (Ministerio de Brazos Abiertos), P.O. Box 9292, Colorado Springs, CO 80932, U.S.A., tel.: (719) 573-5790.

Jesús reconstruyó mi vida

Después de mi aborto en 1969, estaba tan llena de arrepentimiento, remordimiento y autorecriminación que perdí el apetito, me volví anoréxica y casi me muero de hambre. Cuando mi peso disminuyó por debajo de las 80 libras -unos 36 kilos- y comencé a sufrir una afección cardíaca potencialmente fatal (¡a los 20 años!), fui hospitalizada. Pasé 32 semanas en una unidad psiquiátrica de un hospital donde tuve una serie de tratamientos de choque y aprendí a apreciar la anestesia emocional que producen ciertas drogas sólo disponibles con receta. Al salir de la unidad empecé a abusar de las drogas, después del alcohol. Pasaron varios años en este estado, fui tratada por sobredosis de drogas e intenté el suicidio dos veces. Me casé pero estaba tan enferma emocionalmente, que no podía mantener una relación y, en consecuencia, mi marido me abandonó después de un sólo mes de matrimonio.

Era evidente que a menos que hubiera una fuerza sobrenatural que pudiera ordenar mi vida mejor que yo misma, mi vida nunca sería digna de vivirse. Había probado en vano la astrología y otros fenómenos ocultos. Finalmente, en completa desesperación, recurrí a Dios. En las tempranas horas de una mañana que siguió a una noche angustiada, me arrodillé y exclamé, "¡Si hay un Dios y si siente cariño por mí, le suplico que haga algo para aliviar mi dolor y enderezar mi vida!". Lo que siguió fue un milagro. En mi interior comencé a sentir el alivio, como el frescor que un niño con fiebre siente cuando su madre le lava su frente con un paño fresco. De algún modo, sabía que mi vida iba a ser diferente a partir de este momento.

Y lo fue. Mi matrimonio fue restaurado por Dios y ahora, casi 10 años más tarde, es fuerte y feliz. Tengo tres hermosos hijos y una vida productiva y equilibrada.

Jesús recogió los pedazos de mi vida y los volvió a juntar otra vez. Algunas veces aún me apeno por mi hijo abortado. Me preguntó qué habría sido él (o de ella) y siento dolor por haberme negado a mí misma la alegría de criarle. Pero sé una cosa con toda seguridad: algún día, cuando llegue al cielo para estar con Jesús, allí me encontraré también con mi hijo.

Tú también puedes tener esa seguridad ahora mismo. Si reconoces a Jesús como tu Salvador, Curador y Amigo, reza con tus propias palabras una oración de arrepentimiento y aceptación, o reza la siguiente oración:

"Padre que estás en el Cielo, acudo a ti ahora, a confesar mis pecados. Señor, cuando busqué mi propio camino y viví según mis propias reglas no he encontrado más que muerte y tormento para mi hijo y para mí misma. Perdóname.

Te doy gracias de que estuvieras dispuesto a entregar a Tu Hijo a morir en la Cruz para redimirme. Acepto Su gran sacrificio por mí. Padre, deposito a tus pies todos mis sentimientos de culpabilidad, pena, remordimiento y arrepentimiento. Purifícame y cúrame por la sangre de Tu querido Hijo.

Hoy es el primer día de mi nueva vida -una vida que encomiendo a Ti. Enséñame a vivir según tu voluntad. En el nombre de Jesús, Amen.

Nota: Tomado del folleto "Surviving abortión" de la organización WEBA (Women Exploited by abortion - Mujeres explotadas por el aborto). Dirección: WEBA; Route 1, Box 821; Venus, Texas 76084. Teléf.:(214) 366-3600.



mapa-aborto.jpg - 5209 Bytes

Menú