| | Volver al índice Aristóteles (Grecia, 384-332 antes de Cristo) Cerca de 400 años antes de Cristo nace este filósofo cuyo pensamiento sigue siendo básico y de estudio imprescindible en la filosofía actual. Estagiria, Macedonia, en la región de la península de Calcídica, allá por el Monte Athos, lo ve nacer, por lo que se le llama a veces El Estagirita. Muere en Calcis, cerca de aquel desierto donde San Jerónimo vivió como asceta hacia el 375 después de Cristo. En los 48 años que tuvo de vida dejó Aristóteles establecido su saber, hoy difundido universalmente.
De los 18 a los 23 años siguió las lecciones de Platón en la Academia; fue su discípulo predilecto y rebatió después sus teorías. Filipo, rey de Macedonia, le encargó la educación de su hijo, el futuro Alejandro Magno, pero cuando éste subió al trono Aristóteles no aceptó seguirlo a su expedición militar en Asia; lo suyo no era la guerra sino la filosofía y abrió una escuela cerca del templo de Apolo. En el Liceo daba lecciones a sus discípulos paseando con ellos, por lo cual su doctrina fue llamada “peripatética” (peripátein). Después de doce años de magisterio, al morir Alejandro, el partido antimacedónico, que le era hostil, lo acusó de “impiedad” y tuvo que retirarse a la isla de Calcis, donde murió. Sus obras han llegado a nuestra época a través de la edición de Andrónico de Rodas, año 70 ante de Cristo, que sirvió de base para el Corpus Asristotelicum tal como hoy lo conocemos. Brilló el sabio en las ciencias naturales: ha ido considerado el más grande naturalista de la Antigüedad. (Partes de los animales). Como filósofo, entre sus trabajos se cuentan los tratados de lógica (Órganon), Metafísica, Política, Retórica, Ética a Nicómaco, Considerado como creador de la lógica, inventó el silogismo y estableció muchos términos del vocabulario filosófico hoy en uso. Poética es su obra de mayor trascendencia literaria, de la cual sólo ha llegado a nuestros días el primero de los libros, en el que toma a la tragedia como punto de partida, reflexiona sobre la catarsis, analiza diversos géneros, entre ellos la poesía épica y la dramática, pero no incluye la lírica. La dialéctica, esencialmente crítica, a Aristóteles le resulta insuficiente. En el Órganon muestra a la ciencia entendida como saber demostrable. La metafísica constituye el grado más elevado de este saber y desemboca en teología. Dios es el Ser en sentido eminente, la suma realidad; es acto puro, “pensamiento del pensamiento”; es “el primer motor inmóvil”, principio y fin de todos los movimientos que da estructura al mundo. A nivel elemental pueden citarse, de Aristóteles, su conocida definición “El hombre es un animal político”, y su no menos divulgado silogismo “Todos los hombres son mortales. Sócrates es hombre. Por lo tanto, Sócrates es mortal”. Esto como parte de los principios clave de la inferencia deductiva. En Ética a Nicómaco (nombre del hijo y del padre de Aristóteles), el bien supremo es la felicidad. Pero ésta, en qué consiste. Para algunos, en placeres elementales, para otros la felicidad está en la fama y la gloria, para otros más en la vida contemplativa. Critica Aristóteles los conceptos platónicos que preconizan “el bien por sí mimo”; cree que la felicidad está en “la creatividad del alma según sus inclinaciones”. En Poética, no aplica el término únicamente a la poesía sino a toda la creación artística en general, concebida como una imitación de la realidad sensible. Platón, en La República, había negado lo espiritual del arte y lo había definido como una especie de delirio. Para Aristóteles “la forma es inmanente al objeto” y una imitación de la realidad sensible puede tener un significado espiritual, ya que dicha imitación tiende a expresar el aspecto formal de dicha realidad y en eso consiste, precisamente, la imitación artística. En cuanto a géneros, Aristóteles coincide con los griegos de su época en considerar la tragedia y la epopeya como el arte por excelencia. El Órganon fue durante mucho tiempo la única obra de Aristóteles que se podía estudiar, ya que las demás estaban perdidas o no se tenía conocimiento de ellas. El título, que no viene de Aristóteles sino que fue elegido por sus comentaristas, se basa en el hecho de que la lógica en el texto aristotélico no está considerada como elemento del saber, o como el saber en sí, sino como instrumento para llegar a él. La palabra griega es Órganon: instrumento, herramienta. La lógica moderna contemporánea todavía está fundada, como lógica formal, en la lógica aristotélica. Aristóteles, un gigante, en el sentido de pensador genial. Más de veinticinco siglos después de su venida al mundo se le sigue estudiando, descubriendo, y probablemente así será por muchos siglos más, si nuestro planeta sigue existiendo.
Reproducimos a continuación el final de la Ética a Nicómaco, en la que el autor termina diciendo: “Digamos, pues, para empezar...”.
-------------------------
Ética a Nicómaco (Libro X, fragmento)
. . . Son los expertos en cada arte los que pueden apreciar correctamente sus producciones y entender los medios y el método para alcanzar en ellas la perfección, y cuáles elementos armonizan con cuáles otros. En cuanto a los aficionados inexpertos, deben contentarse con que no se les escape si la obra ha sido bien o mal ejecutada, como, por ejemplo, en pintura. Ahora bien, las leyes son, por decirlo así, las obras de arte de la política. ¿Cómo, pues, por la sola colección de ellas podrá uno hacerse legislador o siquiera juzgar cuáles son las mejores? Pues no vemos que los médicos resulten hábiles por el solo estudio de los recetarios. Y, sin embargo, se busca en éstos no sólo indicar la terapéutica general, sino métodos de curación y tratamientos apropiados a casos particulares, distinguiendo los diversos temperamentos. Mas todo esto, que puede estimarse de provecho para los expertos, es del todo inútil para quienes no poseen la ciencia. Así también las compilaciones de leyes y constituciones son sin duda de gran utilidad para los que están ya en aptitud de estudiarlas y de apreciar en ellas lo que está bien o lo que está mal, así como cuáles leyes son aplicables en tales o cuáles circunstancias. Pero los que sin estos hábitos recorren tales complicaciones no están en aptitud de juzgar acertadamente, a no ser por instinto, por más que puedan tal vez con dicho estudio aguzar un tanto su inteligencia política.
Por tanto, habiendo omitido nuestros predecesores explorar el dominio de la legislación, tendrá quizás algún valor que nosotros mismos lo consideremos, juntamente con toda la materia de la constitución política, para llevar así a su acabamiento, en cuanto nos sea posible, la filosofía de las cosas humanas. Y en primer lugar, nos esforzaremos en hacer una revisión de todo lo que con acierto, aunque fragmentariamente, dijeron nuestros precursores. En seguida procuraremos ver, entre las constituciones que hemos reunido, cuáles instituciones pueden conservar y cuáles estragar las ciudades y producir efectos semejantes en las constituciones en particular; y por qué causas unas ciudades están bien gobernadas, y otras lo contrario. Y una vez considerados estos puntos, discerniremos mejor quizás cuál es la constitución más excelente, y cómo debe implantarse cada una en particular, y de qué leyes y costumbres se ha de echar mano. Digamos , pues, para empezar . . . Volver al inicio Volver al índice |