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Carlos Pellicer
(México, 1897-1977)
Recorrió Sudamérica, Europa y el cercano Oriente. En la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM dio la cátedra de poesía moderna. Fundó en México, con Vicente Lombardo Toledano, el Grupo Solidario del Movimiento Obrero. En 1937 fue a España, para apoyar la causa republicana contra el franquismo que pretendía apoderarse de la religión para la innoble invasión fascista, sostenida por Hitler y Mussolini. Siempre fue Carlos Pellicer hombre y escritor profundamente religioso. En 1928 había fundado en México la revista Contemporáneos, que propició fuerte movimiento de renovación literaria. Se apartó después Pellicer de ese grupo para dedicarse a una poesía arraigada en el catolicismo.

Hombre profundamente ligado a la tradición cultural de su país, fundó museos, creó bibliotecas, se ganó el cariño del pueblo por el Nacimiento, con mucho sabor mexicano, que cada Navidad ponía en su casa y para que lo vieran a todos invitaba. En las reuniones literarias era centro de atención. Para sus amigos, el mejor: desinteresado, generoso, les dedicaba sus poemas. Supo hacer que su cultura pasara a segundo plano, sin exhibirla. Maliciosa, su mirada lo escudriñaba todo.

El mar lo enamoró y él le escribió muchos poemas. Decía que siempre había querido ser aviador y siempre le había interesado la aeronáutica. Uno de sus libros más conocidos se titula Práctica de vuelo (1956). Otras obras: Piedra de sacrificios (1924), Estrofas al mar marino (1934), Exágonos (1941), Material poético (19962), Con palabras y fuego (1963), Cuerdas, percusión y alientos (1976). Después de su muerte se publicaron Reincidencias (1978) y en el mismo año Cosillas para el Nacimiento.

De Pellicer se ha dicho que la descripción de la naturaleza en sus poemas no es sino una manera de manifestar su enorme alegría de vivir, a la vez que una estremecedora fe religiosa. Práctica de vuelo entraña un lirismo pletórico de formas y colores, elocuencia y sensibilidad. Así, el amor a la naturaleza se traduce en amor al género humano Los sonetos del libro están hechos de cantos a la vez alegres y místicos, espontáneos pero cuidadosamente construidos.

La correspondencia de Carlos Pellicer con Alfonso Reyes es de antología. Gabriela Mistral, Octavo Paz, Gabriel Zaíd, Rodolo Usigli, Jaime García Terrés, Guillermo Sheridan y tantos más estudiaron y disfrutaron la poesía de Pellicer. A los 80 años, ¡cuán ágil era! “Yo soy un árbol de caoba que camina”, decía.

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Práctica de vuelo (1956)

Sonetos bajo el signo de la Cruz

I

Alcé los brazos y la cruz humana
que fue mi cuerpo así, cielos y tierra
en su sangre alojó. Su paz, su guerra,
su nube palomar, su piedra arcana.

¡Cómo sentí en mis brazos la campana
del aire azul! Y el pie que desentierra
su pisada en la tierra que lo encierra.
Del corazón salía la mañana.

Y cuerpo en cruz, el corazón abierto
--pájaros de diamante en aire vivo--
brotó y el aire fue el más claro huerto.

De aquella libertad quedé cautivo.
Bebiéndome la sed planté el desierto
y del sol en el cielo fui nativo.

II

Una vez, una noche en Palestina,
el cielo cintiló y alcé el oído
y abrí los brazos y oculté al olvido
la nube de su pálida cortina.

¡Jesús, Tú que eres Dios!, dije y divina
la sangre derramó su vaso herido
sobre la mesa festival crecido
como rosa alcanzada por su espina.

Aquella noche llena de luceros
oí mi voz por vez primera --aleros
de la primera voz--. Y el alma cupo
en el paisaje inmenso. Poesía,
mira, calla, ven, ve, vuelve a tu grupo
y escucha la perfecta melodía.

III

Cuando tenga en mi voz el agua clara
de ser con los demás como conmigo,
del agua montañosa seré amigo
junto al hermoso mar que se acitara.

Cítara el huracán tendrá por cara
y azul la mano de rozar el trigo.
Toda criatura me dirá: “contigo”,
cuando en el agua escuche mi voz clara.

¡Si yo pudiera levantar los brazos
y abrirlos como en fruto bien maduro
hace el árbol al sol! A tus hachazos,
oh vida, mucha rama está cayendo.
Tal vez queden las dos que el tronco oscuro
entre sombras y estrellas va pidiendo.

Las Lomas, noche del 23 de enero de 1940.

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