| | Volver al índice Elena Garro (México, 1920-1998) Nacida en Puebla, falleció en Cuernavaca. En 1937 estuvo con su marido, Octavo Paz, en la España en guerra contra la sublevación franquista, fascista. De allí Elena trajo la Crónica 1937, Memorias de España, que se publicó en 1991 y en la que muestra el apoyo de artistas internacionales al gobierno de la república en España. Desde 1938 ejerció el periodismo y de su trabajo surgió la serie de reportajes Los caudillos, posteriormente publicada (1997) con el título de Revolucionarios mexicanos, donde reúne semblanzas de Ricardo Flores Magón y Francisco I. Madero, además del relato La Decena Trágica, históricamente certero y valioso. Vivió en París de 1974 a 1993 y murió en la inopia y desesperación, aunque finalmente obtuvo apoyo del Consejo Nacional Para la Cultura y las Artes. Los errores que cometió como persona no los tuvo como escritora. Entre sus mejores obras de teatro: Un hogar sólido y El árbol. Entre sus novelas, Andamos huyendo, Lola (1980) y Recuerdos del porvenir (1963), su primera obra, que ha sido considerada como la mejor. De ella escribió Octavio Paz, en 1972: “Una obra en verdad extraordinaria, una de las creaciones más perfectas de la literatura hispanoamericana contemporánea”. Acerca de Elena Garro ha dicho Christopher Domínguez, que es “la más original de las novelistas mexicanas”. Añade: “La maestría y violencia de Los recuerdos del porvenir la consagran como creadora de un universo cerrado, hostil y paranoide, donde el viejo realismo se mueve bajo el aliento de la persecución existencial. La acción transcurre en Ixtepec, pueblo convertido en protagonista de Los recuerdos del porvenir, al cual Fabienne Bradu describe como “un mundo sitiado en el cual las únicas posibilidades de salvación se concretan en la llegada de‘un extranjero’ y en las distintas fugas de esta realidad asfixiante y progresiva”. En el año 2000 estuvo en escena la pieza de teatro de Elena Garro: Felipe Ángeles, presentada por la Compañía Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes, que tiene por tema el juicio y fusilamiento de Felipe Ángeles, el general idealista a quien se presenta ante un consejo de guerra por órdenes de Venustiano Carranza. Y en la primera edición de esta obra, publicada por la Universidad Nacional Autónoma de México en 1979, se citan palabras de Ángeles: “Me hice reo de dos enormes delitos: el de haber sido factor implacable contra el huertismo y el de haber arrancado la careta democrática de Carranza (. . . ) Sepan que en el desierto pasaré mi vida entera antes que inclinar la frente. O que moriré ahorcado de un árbol a manos de un huertista o un carrancista, por el delito capital de odiar las dictaduras; o que algún día colaboraré con éxito en conquistar la libertad y la justicia para todos, aun para ellos”. Hoy, Elena Garro sigue siendo una de las más destacadas escritoras del México contemporáneo. -------------------- Revolucionarios mexicanos ¿Cuál fue el castigo de los asesinos del Presidente Madero? (Fragmento) El 23 de febrero de 1913 se publicó en El País el parte oficial de la aplicación de la “ley fuga” en el crimen contra el Presidente Francisco I. Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez: “El señor Presidente de la república reunió a su gabinete a las doce y media de la noche para darle cuenta de que los señores Francisco I. Madero y el licenciado José María Pino Suárez, que se encontraban detenidos en Palacio Nacional a disposición de la Secretaría de Guerra, fueron conducidos a la penitenciaría según estaba acordado, cuyo establecimiento se había puesto bajo la dirección de un jefe del ejército esta misma tarde, para mejores y mutuas garantías. Que al llegar los automóviles a un punto situado al terminar el tercio final para llegar a la penitenciaría, fueron atacados por un grupo de personas armadas y habiendo bajado la escolta para defenderse, al mismo tiempo que el grupo aumentó, pretendieron huir los prisioneros; que entonces tuvo lugar un tiroteo del que resultaron dos agresores heridos y uno muerto, quedando los automóviles destrozados y muertos los señores Madero y Pino Suárez.” Una vez que se consumó el crimen del Presidente y el vicepresidente, se desató una represión brutal contra los maderistas. La ciudad estaba aterrada. Sin embargo, el mismo día 23 de febrero de 1913, el joven poeta nicaragüense Solón Argüello arengó al pueblo desde la Alameda Central: “Malditos aquellos que han desbordado sus degradaciones y sus apetitos hasta ensangrentar despiadadamente la calles de la ciudad; esos que se aferran a un pasado que no puede regresar; serán malditos entre todos los malditos, porque atentaron contra la Ley y la bondad de un Madero, titán de las purezas y perdurable aleación de los valores espirituales.” Solón Argüello salió al norte a reunirse con los revolucionarios. En agosto de ese año regresó a la capital con una misión revolucionaria. La mujer que le daba albergue delató a la policía el escondite del poeta: calle Factor 88 y allí fue asesinado a cuchilladas por el jefe de las comisiones de Seguridad, mayor Francisco Chávez, el 27 de agosto de 1913. (. . . ) La legalidad, la lucha limpia por las ideas, el respeto profundo a la vida, el ejercicio del poder en el nombre de unos valores, habían muerto con el señor Madero. Trágicamente, el país retrocedió al punto desde el cual inició su lucha el Presidente Madero. Muerto él, la lucha sería otra vez por el poder personal. El grupo revolucionario y el bando usurpador pronto se dividirían en facciones. A partir del momento en que Carranza se autonombró Primer Jefe, quedó en entredicho la pureza del generoso movimiento nacional inspirado por Madero y surgido para restablecer la doctrina maderista en el poder. Carranza iba a luchar, a intrigar y a dividir ferozmente a los revolucionarios para llegar él al poder. El intento del señor Madero de plantear la política como el ejercicio de unas ideas, y no como el encubrimiento de una persona, quedaría como una experiencia única y aislada en nuestra historia. El iluso Madero, como lo llaman los “políticos avezados”, había fracasado trágicamente en su intento de humanizar al poder y democratizar al país”. Volver al inicio Volver al índice |