| | Volver al índice Emily Dickinson (Estados Unidos, 1830-1886) Vivió 56 años y pasó casi todo ese tiempo confinada en su habitación. Voluntariamente, hizo de ese cuarto un mundo. Logró desde ahí hablar de tierras, mares y cielos y crear una poesía que llegó a cambiar el curso de lo que en la época se escribía.
En Amherst, Massachusetts. Lugar de nevadas montañas, hoy sede de campus universitarios. De sus casas bajan a veces los cateadráticos para reunirse con algún amigo y hablar de literatura. Por ejemplo de Lovecraft, (1890-1937), nacido en Rhode Island, que también llevó una vida de reclusión: encerrado en su cuarto de trabajo, a través de una pequeña ventana le hacían llegar su comida. Alcanzó fama mundial por sus relatos de ciencia ficción, descripción de ambientes, sonidos, colores, presencia de seres extraños más adivinados que retratados con precisión, muchos de ellos procedenes del mar, con el que vivía el escritor en sus relatos y que tan magistralmente describió sin nunca haberlo visto. Howard Philips Lovecraft, un solitario lo mismo que Emily Dickinson.
Ella, Emily, escribió cerca de dos mil poemas. En vida le fueron publicados siete. Cuatro años después de su muerte se editó su primer libro. Sesenta años después, en 1950, la Universidad de Harvard compró todos sus manuscitos e inició la publicación de la obra completa de esta escritora, conocida hoy principalmente en ambientes intelectuales pero cuya creación debe llegar, y llega ya, al gran público.
Utilizó Dickinson en sus versos los cambios de ritmo, que después muchos creadores aplicaron sistemáticamente. Irrumpió en lo tradicional de la época con una poesía moderna, novedosa. Aparentemente sencillos, sus poemas siguen siendo hoy un enigma, como la vida de ella. Siempre prefirió sugerir, en vez de decir.
De la puntuación y de las mayúsculas hizo un uso muy personal, lo que no era común en la época. Sus poemas son breves, pero no se puede dejar de pensar en ellos como en una gran obra. Sus lecturas favoritas fueron textos de Shakespeare, Keats y las hermanas Bronté: Charlotte, autora de Jane Eyre; Anne y Emily, autora de Cumbres borrascosas (1847), novela considerada en su época como obra maestra de la literatura inglesa. De Emily Dickinson puede decirse que fue más allá de los escritores que consideró como sus maestros y modelos. Ella, Emily, se convirtió en caso especial, inigualable. Lo decía todo sin decir nada; viajó mucho, desde su cuarto. Después de haber ignorado durante más de medio siglo la obra creativa de esta poeta estadunidense, universal, a partir de 1920 la crítica literaria en el mundo empezó a revalorizar el trabajo de Dickinson, escritora que trató con sencillez, espontaneidad y a la vez con profundidad grandes temas de la metafísica. Lo hizo entre las paredes de su habitación, dedicada a la contemplación de la naturaleza y a la lectura de quienes mucho aprendió, para después seguir admirándolos pero continuar por caminos propios.
Algunos poemas de Emily Dickinson escritos entre 1858 y 1882, han sido seleccionados y traducidos por Alberto Blanco para la Serie Poesía Moderna, Material de Lectura, Difusión Cultural UNAM, 1982.
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Los pequeños Caballeros un Botón, un Libro, plantan las semillas de sonrisas Que en esta penumbra cantan
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¡Al fin! Ser identificado ¡Al fin! Las lámparas a Tu lado Lo que resta de Vida para ver
¡Después de la Medianoche! ¡Después de la Estrella Matutina! ¡Después del Amanecer! ¡Ah, Qué lazos había entre el Día y nuestros pies!
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¡Yo no soy Nadie! ¿Quién eres tú? ¡Tampoco eres Nadie tú! Ya somos dos ¡Pero no lo digas! Ya sabes, luego se percatarían.
¡Qué terrible ser alguien! ¡Qué público decir tu nombre cual Rana todo el santo día- para que un Tronco se asombre!
La manzana en el árbol es el cielo pues no la puedo alcanzar- Como allí seguirá sin esperanza la llamo “cielo” nomás.
El color de la nube pasajera- ese terreno prohibido- Detrás de la colina, tras la casa- ¡allí se halla el Paraíso!
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Una ignorancia un Ocaso le confiere a la Visión- del Territorio- el Color- Circunferencia- Desintegración-
Ambar su Revelación nos regocija- Rebaja- Omnipotente inspección de nuetro rostro que baja-
Cuando los rasgos solemnes confirman la Realidad- comenzamos- detectados en la Inmortalidad- Volver al inicio Volver al índice |