| | Volver al índice Erasmo (Holanda, 1467-1536) Inteligente mirada, ironía en la sonrisa que se inicia, en el retrato de Erasmo hecho por Hans Holbein, que hoy puede verse en el Museo de Bruselas. Desiderio Erasmo, Erasmo de Rotterdam, mundialmente conocido como Erasmo, el humanista holandés de vida errante, maestro y preceptor en su juventud, posteriormente protegido y elogiado por reyes y papas.
Doctor en teología por la Universidad de Turín, en Bruselas Erasmo fue consejero de quien más tarde llegó al trono como Carlos I de España. En 1521 se estableció en Basilea pero los disturbios y triunfo de los partidarios de la Reforma protestante hicieron que emigrara a Friburgo, para regresar a Basilea en 1935. Allí murió, un año después.
En el hombre liberal, de origen humilde, que en 1492 ingresó sin vocación a un convento de agustinos y fue ordenado sacerdote años después, pocos veían al escritor, el pensador que impuso ideas, causó a la vez escándalo y admiración en su época y defendió la Contrarreforma. Considerado como el más grande humanista del Renacimiento, llegó a ser uno de los intelectuales más respetados de su tiempo, admirado por Franisco I de Francia y Enrique VIII de Inglaterra, entre otros monarcas. Fue Erasmo gran amigo de Tomás Moro, a quien profesó cariño y respeto; a Moro, por no aceptar la Iglesia anglicana, el rey tirano Enrique VIII lo mandó decapitar y exhibió su cabeza en el Puente de Londres. Tiempos aquellos, igual que los de ahora, en los que con frecuencia no imperaban la razón ni la inteligencia sino la fuerza bruta.
Los sabios de Europa pedían opinión a Erasmo y los príncipes y nobles procuraban su amistad. Fue esencialmente Erasmo hombre de letras, espíritu sensible, enemigo de todo tipo de violencia, basado en ideales puros, siempre éticos. Holandés que escribía en latín. Quería una reforma gradual y pacífica de la Iglesia, de la sociedad, de la política, por medio de la peruasión y la cultura.
Al estallido de la Reforma, movimiento religioso por el cual gran parte de las Iglesias de Europa se sustrajo a la obediencia del Papa, Erasmo escribió el Ensayo sobre el libre arbitrio, al cual respondió Lutero con el tratado De servo arbitrio, y a su vez contestó Erasmo con el Hyperaspistes, refutando a Lutero. Contra la teoría de Lutero, quien sostenía que el ser humano, por haber pecado, era incapaz de realizar actos apegados a la moral, lanza Erasmo la teroría del Hyperaspistes, o “protegido por el escudo”. Con todo, por su traducción al latín, con notas y paráfrasis, del Nuevo Testamento, a Erasmo se le acusó de haber preparado la Reforma. Entre otros escritos de Erasmo: los Adagios, Coloquios, Manual del soldado cristiano y, el Elogio de la Locura, “declamación de Erasmo de Rotterdam”, obra dedicada a Tomás Moro. Habla la locura y destruye la vanidosa confianza del hombre para definir la frontera entre locura y cordura. Es un juego que conquista, juego de la inteligencia. Se avanza en base a símbolos. Obra dialéctica. Ataca Erasmo al fanatismo y reclama para el hombre la libertad de pensamiento. Acerca de Erasmo de Rotterdam muchos libros valiosos se han escrito,entre ellos el del hispanista francés Marcel Bataillon (nacido en 1895) titulado Erasmo y España.
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Elogio de la Locura (Fragmentos)
La disertación que vais a escuchar es improvisada, y por eso será más sincera. No me propongo hacer gala de mi ingenio, según es costumbre en todos los oradores especialmente en nuestro tiempo, pues demasiado sabéis que éstos, cuando pronuncian un discurso en cuya elaboración han empleado treinta años, y algunas veces valiéndose de lo que otros han dicho, afirman que no tardaron más de tres días en redactarlo o dictarlo, dando a entender que para ellos es una bagatela, un juego de niños. Por mi parte, puedo asegurar que siempre he sentido satisfación en decir sin preparación de ningún género lo que se me viene a los labios. No esperéis, por lo tanto, que imitando a los retóricos que todos conocemos haga una minuciosa definición de mi pesona, y mucho menos la clásica división en esta clase de disertaciones. Porque, ¿qué es definir? Es encerrar en sus justos términos la idea de una cosa. ¿Y qué es dividir? Es separar las partes de una cosa. Pues bien: no me conviene lo uno ni lo otro. Siendo mi poder tan extenso como es, ¿cómo podría yo encerrarme en unos “justos términos”?, ¿y cómo separar en partes lo que con su culto une toda la tierra? Además, ¿no sería ridículo que hiciese mi propia definición cuando me tenéis ante vosotros? Yo soy la “dispensadora de bienes”, que los concede con sincero desprendimiento y a quien universalmente se conoce por el nombre de Locura (. . .)
Advierto que me he extendido mucho en mi disertación, y voy a ponerle fin. Si alguien me reprocha el haber traspasado los límites convenientes, que tenga en cuenta que soy la Locura. . . y, por lo tanto, mujer, lo que es peor. Acordaos, además, de aquel proverbio griego que reza: “Los niños y los locos dicen las verdades”, salvo que penséis que esto no se refiere a las mujeres y sí sólo a los hombres.
Ya termino. Pero seréis demasiado locos si creéis que recuerdo una sola palabra de toda esta retahila que acabo de soltar. . .
No me gusta --diré a manera de epílogo-- el invitado que tiene buena memoria. Y añado aún: Detesto al oyente que de todo se acuerda. Por ello, ¡olvidaos de cuanto os he dicho, famosos sectarios de la Locura! ¡Salud a todos! ¡Bebed, vivid y aplaudid! Volver al inicio Volver al índice |