| | Volver al índice Esopo (Grecia, siglo VI antes de Cristo) Fabulista griego, algunos consideran que nació en la antigua región de Frigia y otros afirman que nunca existió. Sin embargo la mayoría de los historiadores se basan, para probar la existencia de Esopo, en el testimonio de Herodoto, quien en el siglo V antes de Cristo nos habla ya del escritor, probablemente un antiguo esclavo liberado por su dueño.
Dice la leyenda que Creso, el último rey de Lidia, famoso por sus riquezas, fue protector de Esopo y lo envió a Delfos a consultar el oráculo, pero irritó a los habitantes de la ciudad por haber mostrado que eran avaros; así, lo calumniaron acusándolo de haber sustraído una copa de oro consagrada a Apolo y lo mataron precipitándolo desde lo alto de una roca.
El mundo antiguo le atribuyó a Esopo el haber inventado la fábula como género literario, pero Hesíodo (siglo VIII antes de Cristo), en Los trabajos y los días, nos cuenta ya la fábula del buitre y el ruiseñor y hay en su obra verdaderos apólogos con intención moralizante. Según la leyenda, Esopo empleó su ingenio, siempre agudo y cáustico, en vengarse de los padecimientos sufridos por su humilde condición social y su aspecto deforme. En la colección de fábulas atribuidas a él, muchas no son de su autoría. Unas 500 fueron recopiladas dos siglos y medio después de su muerte. La versión de las fábulas que llegó a nuestros días se atribuye al monje Planudes, nacido en Constantinopla en el siglo XIII, quien tradujo del texto original griego y de ahí partieron innumerables ediciones en todos los idiomas.
Mucho influyó Esopo en fabulistas de épocas posteriores, véase Fedro, nacido en Macedonia hacia el año 10 antes de Jesucristo, el francés La Fontaine (1621-1695), los españoles Iriarte (1750-1791), Samaniego (1745-1801) y Campoamor, (1817-1901), entre otros.
Poseen las fábulas de Esopo un sentido didáctico y moral: seis siglos antes de Jesucristo florece ya en la antigua Grecia la poesía con intención moral. Esopo muestra gran habilidad para utilizar viejos temas y a partir de ellos crear sus ingeniosas fábulas, cuyos personajes son animales como el águila, el cuervo, la paloma, la serpiente, el zorro, el cocodrilo, el camello. En algunas también aparecen hombres, y hasta dioses. Otras tratan de temas abstractos, como el bien, el mal y el origen de las cosas. Y otras más se basan en temas mitológicos.
Son dichas fábulas relatos breves, como pequeñas escenas de comedia teatral, en las cuales los caracteres de los hombres son atribuidos a animales, que así se convierten en símbolos de esos mismos caracteres. Por ejemplo, el león es símbolo de la majestad, el zorro es ladino, el lobo es feroz y la hormiga previsora. Después del relato, la moraleja resume y exhibe lo que la fábula quiso decirnos.
Constituyen las fábulas de Esopo un veraz testimonio de los principios morales del pueblo griego de la época. Muestran virtudes sociales y prácticas como la fidelidad en la amistad, el agradecimiento, el amor al trabajo, la moderación. A veces también, con el ingenio que siempre caracteriza a Esopo, hay consejos prácticos, no muy escrupulosos, acerca de cómo sacar provecho de la ingenuidad del prójimo. Todo esto, seis siglos antes de Jesucristo.
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El Avaro
Un avaro, convirtiendo en oro toda su fortuna, fundió con el metal un lingote y lo enterró en cierto lugar, enterrado allí, a la vez, su corazón y su espíritu.Todos los días se dirigía a ver su tesoro. En esto, lo observó un hombre, adivinó su suplicio y, desenterrando el lingote, se lo llevó. Cuando poco después volvió el avaro y halló el escondrijo vacío, se puso a llorar y a arrancarse los cabellos. Un quídam que lo vio lamentarse de tal manera, después de informarse del motivo le dijo: No te desesperes así, hombre, porque al fin y al cabo aunque tenías oro no lo poseías verdaderamente. Agarra una piedra, escóndela donde estaba el oro y figúrate que es oro; la piedra servirá para ti como si fuera el oro mismo, pues a lo que veo cuando lo tenías enterrado no utilizabas para nada esta riqueza.
(Esta fábula enseña que nada es la propiedad sin su disfrute)
El león y el ratón agradecido
Hallándose durmiendo un león, un ratón empezó a retozar encima de su cuerpo. Despertó el león, atrapó al ratón, y ya iba a comérselo cuando éste le dijo que lo soltara prometiéndole, si le perdonaba la vida, pagarle cumplidamente. El león se echó a reír y dejó marchar al ratón. Poco tiempo después el león debió su salvación al agradecimiento del ratoncillo. Unos cazadores habían cazado al rey de la selva y lo ataron a un árbol con una cuerda. Oyéndolo el ratón gemir en su desconsuelo, corrió a donde estaba el león, royó la cuerda que lo sujetaba y lo libertó.En otra ocasión -le dijo- te burlaste de mí, porque no esperabas mi agradecimiento; bueno es que ahora sepas que también los ratones son agradecidos.
(Esta fábula enseña que en las mudanzas de la fortuna incluso los más poderosos necesitan la ayuda de los humildes) El asno con la piel de león
Un asno disfrazado con la piel de un león recorría todo el país, atemorizando a los animales. Encontró un día a una zorra y quiso asustarla también pero ésta, que precisamente había oído antes su voz, le dijo: -¡Creémelo, también a mí me habrías asustado si no te hubiera oído rebuznar!
(Lo mismo ocurre con las personas sin educación, que parecen algo con su aire fastuoso pero que se traicionan por su afán de hablar) Volver al inicio Volver al índice |