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Federico García Lorca
(España, 1898-1936)
“Tienen, por eso no lloran, / de plomo las calaveras. / Con el alma de charol / vienen por la carretera”.

Son los de la Guardia Civil española, descritos en el Romancero gitano (1924-1927). Es la misma guardia civil del año 1936: mes de agosto, el poeta toca el piano cuando llaman a la puerta: lo vienen a buscar. Por carreteras y caminos lo llevan, en el “paseo” de la muerte. Y ahí en Granada, cerca del poblado de Víznar, lo fusilan las fuerzas del franquismo, encabezadas por el general traidor que dio el golpe de Estado contra el gobierno constitucional de la República y desató la guerra civil: más de un millón de muertos y se calculan muchos más, ya que durante los cuarenta años de dictadura se seguía asesinando a los presos políticos todavía encarcelados. 1936 y los muchos años que siguieron: se fusila a todo “sospechoso” de no ser franquista. No está permitido llevar luto por los muertos.

Federico García Lorca acababa de poner la última palabra, “telón”, el 19 de junio, en su obra de teatro La casa de Bernarda Alba. El 16 de julio es el estallido de la traición e inicio de la guerra. A Lorca le queda poco más de un mes de vida: lo matan el 19 de agosto “cuando la luz asomaba”, con las estrellas de la madrugada, al decir de otro gran poeta: Antonio Machado. El investigador Arturo Hoyo consigna que el 9 de febrero de 1935 García Lorca había añadido su firma a un “manifiesto antifascista de intelectuales”. Por menos que eso, por un comentario o chisme de algún vecino o portero, el fascismo franquista asesinaba a la gente. Épocas de terror, por años y años prolongado.

Fue Federico uno de los poetas más representativos de la célebre Generación de 1927. Nacido en Fuente Vaqueros, se instaló en la residencia de estudiantes de Madrid en 1919 y a partir de ahí empezó a relacionarse con los más destacados poetas de España, entre ellos Alberti, Guillén, Bergamín, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Pedro Salinas, Vicente Aleixandre. Dibujante de talento, Lorca también tuvo por amigos a artistas plásticos, entre ellos Salvador Dalí.

Después del Libro de poemas y de El poema del cante jondo, Federico García Lorca publica, en 1928, su célebre Romancero gitano. De 1929 a 1930 reside en Nueva York, invitado por la Universidad de Columbia, y escribe uno de sus mejores libros de poemas, por no decir el mejor: El poeta en Nueva York, publicado póstumamente en 1940 y que contiene la famosa oda El rey de Harlem.

En 1935, Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, elegía en memoria del torero, pasión, belleza y musicalidad. En 1933 y 1934 Lorca había estado en Argentina y Uruguay. En 1936 tenía planeada una gira artística y quería venir a México; también a Argentina, para llevarle a la actriz catalana Margarita Xirgu La casa de Bernarda Alba. Pero el viaje no pudo realizarse: los asesinos llamaron a la puerta, en Granada. El texto de Bernarda Alba le llegó a Margarita Xirgu hasta 1945 y ella estrenó la obra ese mismo año, en Buenos Aires.

En tiempos de democracia y libertad en España, cuando el gobierno de la República, García Lorca formó una compañía de teatro universitario que llegó a ser célebre por la calidad de sus puestas en escena: el grupo de La barraca, con el que recorrió todo el país difundiendo lo mejor del repertorio clásico español.

Entre las obras de teatro de Lorca destacan El maleficio de la mariposa (1920), Mariana Pineda (1927), el Retablillo de don Cristobal (para guiñol), La zapatera prodigiosa, El público, Así que pasen cinco años, y las más divulgadas internacionalmente, piezas todas en verso: Bodas de Sangre, (1933), Yerma (1934), Doña Rosita la soltera (1935). Después de la muerte del poeta su obra inédita fue difundida por investigadores y aplaudida por públicos de prácticamente todas las naciones. En México se prepresentan con mucha frecuencia y sus libros tienen gran demanda.

Jorge Guillén llamó a Federico “criatura extraordinaria” que nos pone en contacto con la creación.

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El rey de Harlem
(Fragmento)

. . . Es por el silencio sapientísimo
cuando los camareros y los cocineros y los que limpian con la
lengua
las heridas de los millonarios
buscan al rey por las calles o en los ángulos del salitre.

Un viento sur de madera, oblicuo en el negro fango,
escupe a las barcas rotas y se clava puntillas en los hombros;
un viento sur que lleva
colmillos, girasoles, alfabetos
y una pila de Volta con avispas ahogadas.

El olvido estaba expresado por tres gotas de tinta sobre el
monóculo;
el amor, por un solo rostro invisible a flor de piedra.
Médulas y corolas componían sobre las nubes
un desierto de tallos sin una sola rosa.

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A la izquierda, a la derecha, por el Sur y por el Norte,
se levanta el muro imposible
para el topo y la aguja del agua.
No busquéis, negros, su grieta
para hallar la máscara infinita.
Buscad el gran sol del centro
hechos una piña zumbadora.
El sol que se desliza por los bosques
seguro de no encontrar una ninfa,
el sol que destruye números y no ha cruzado nunca un sueño,
el tatuado sol que baja por el río
y muge seguido de caimanes.

Negros, negros, negros, negros.
Jamás sierpe, ni zebra, ni mula
palidecieron al morir.
El leñador no sabe cuándo expiran
los clamorosos árboles que corta.
Aguardad bajo la sombra vegetal de vuestro rey
a que cicutas y cardos y ortigas turben postreras azoteas.

Entonces, negros, entonces, entonces,
podréis besar con frenesí las ruedas de las bicicletas,
poner parejas de microscopios en las cuevas de las ardillas
y danzar al fin, sin duda, mientras las flores erizadas
asesinan a nuestro Moisés casi en los juncos del cielo.

¡Ay, Harlem disfrazada!
¡Ay, Harlem, amenazada por un gentío de trajes sin cabeza!
Me llega tu rumor,
me llega tu rumor atravesando troncos y ascensores,
a través de láminas grises,
donde flotan tus automóviles cubiertos de dientes,
a través de los caballos muertos y los crímenes diminutos,
a través de tu gran rey desesperado,
cuyas barbas llegan al mar.

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