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Fernando Pessoa
(Portugal, 1888-1935)
“¿Quién soy?”, se pregunta Fernando Pessoa, autor del poema titulado Tabaquería.Y este cuestionamiento repetitivo acerca de su propia identidad lo lleva a convertirse en tres personas distintas, tres escritores a los que llama sus heterónimos. Les pone nombre y escribirán por él. Son Alberto Caeiro, Ricardo Reis y Álvaro de Campos. Cada uno tiene una manera de escribir que le es propia. Cada personaje ficticio se conduce a su manera y son muy diferentes unos de otros, a pesar de que los tres son el mismo Fernando Pessoa.

A Alberto Caeiro lo considera como maestro de Ricardo Reis y a éste lo presenta como ser enfermizo, cuyas odas están impregnadas de influencias de Anacreón y Horacio, lo que le permite a Pessoa liberarse del romanticismo de Reis. Álvaro de Campos viene siendo el doble de Pessoa, quien le hace firmar sus poemas más importantes: Tabaquería, Dos fragmentos de odas, Oda marítima.

A De Campos, Pessoa lo llama “hijo mío” y le atribuye una biografía precisa, haciéndolo nacer el 15 de octubre de 1890 en Tavira, Portugal. Después de realizar estudios de ingeniería marítima en Glasgow, De Campos viaja al Extremo Oriente y escribe: “Me voy a pedir el opio que consuela. Un Oriente al oriente del Oriente”. Los poemas de Álvaro de Campos suelen organizarse en forma de monólogo interior y es así como dice: “No soy nada. / Nunca seré nada. / . . . Además de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo”.

En cuanto a Fernando Pessoa, el verdadero, el que no sabe quién es porque es al mismo tiempo Caeiro, Reis y De Campos, no deja de exhibir su sentido del humor. Nace en Lisboa y muere de cirrosis en un hospital antes de cumplir los cincuenta años. Estudió en escuelas inglesas y africanas y dominó la lengua inglesa que le sirvió para escribir prosa y poesía. Posteriormente, abandonó estudios de letras para ser periodista y traductor de poesía para ediciones de literatura univesal.

A Pessoa se le considera valor fundamental de la escuela modernista portuguesa; entre sus teorías éticas se cuenta también el futurismo. En vida sólo vio publicado un libro suyo, Mensaje, en 1934, un año antes de morir, paró su obra, firmada por sus heterónimos, le dio fama mundial. Con Alberto Caeiro sintió que “había nacido su maestro”. A Caeiro le adjudicó los versos de El cuidador de rebaños, larga exposición escrita el 8 de marzo de 1914 en solamente unas horas y en verdadero estado de trance. Finalmente, la desaparición de Caeiro hizo que Pessoa llorara amargamente.

Con Reis y De Campos, Caeiro conparte la angustia ante el tiempo que huye y la fragilidad de la vida. De Campos es más lírico. Caeiro más bucólico. Reis tuvo su importancia. Y todos ellos siguen siendo Fernando Pessoa, el portugués genial.

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Tabaquería
De Álvaro de Campos
(Fragmento)

Pero el dueño de la Tabaquería salió a la puerta y se quedó en la puerta.
Lo miro con el malestar de la cabeza mal dispuesta
y con la incomodidad del alma apenas entendiendo.
Él morirá y yo moriré.
Él dejará el cartel, yo dejaré versos.
A cierta altura morirá el cartel también, y los versos también.
Después de cierta altura morirá la calle donde estuvo el cartel,
y la lengua en la que fueron escritos los versos.
Morirá después el planeta que gira en el que todo esto sucedió.
En otros satélites de otros sistemas algo como gente
continuará haciendo cosas como versos y viviendo debajo
de cosas como carteles,
siempre algo enfrente de lo otro,
siempre algo tan inútil como lo otro,
siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño
del misterio de la superficie,
siempre esto o siempre lo otro o cosa alguna
o la otra.

Pero un hombre entró a la Tabaquería (¿para comprar
tabaco?)
y la realidad plausible cae de repente arriba de mí.
Medio me levanto enérgico, convencido, humano,
y voy a intentar escribir estos versos donde digo lo contrario.

Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos
y saboreo en el cigarro la liberación de todos los pensamientos.
Sigo el humo como una ruta propia,
y gozo, en un momento sensitivo y competente,
la liberación de todas las especulaciones
y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia
de encontrarse enfermo.

Después me echo para atrás en la silla
y continúo fumando.
Mientras el Destino me lo permita, continuaré fumando.
(Si me casara con la hija de mi lavandera
tal vez fuera feliz).
Visto esto me levanto de la silla, voy a la ventana.

El hombre salió de la Tabaquería (¿metiéndose el cambio en
las bolsas de los pantalones?).
Ah, lo conozco; es Esteves sin metafísica.
(El dueño de la Tabaquería salió a la puerta).
Como por un instinto divino Esteves se volvió y me vio.
Me hizo un gesto de adiós, le grité adiós Esteves, y el universo
se reconstruyó sin ideal ni esperanza, y el Dueño de la
Tabaquería sonrió.

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