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Francisco de Quevedo y Villegas
(España, 1580-1645)
Quevedo, el del “polvo enamorado”. el de las poesías laudatorias, morales, fúnebres, sagradas, amorosas, el de las jácaras (que tratan de vida y hechos de malhechores y rufianes, con el lenguaje que les es propio); Quevedo, el de las letrillas, romances y poemas satíricos.

Quevedo, el barroco y también el humanista. Su padre, secretario de la hija de Carlos I y después de la esposa de Felipe II; su madre, dama de honor en la corte. Creció Francisco en ambiente palatino y tuvo después vida aventurera. En Valladolid, siguiendo a la corte, empezó con sus escritos satíricos. Fue a su vez secretario del duque de Osuna y al caer éste en desgracia estuvo Quevedo en prisión y después fue desterrado. A su regreso a Madrid, en la corte de Felipe IV, el tirano que pretendió sojuzgar a Cataluña con la complicidad del conde-duque de Olivares, éste descubrió una sátira moral escrita contra él y encarceló al presunto autor, Quevedo, en el convento de San Marcos, en León. Quevedo salió de allí enfermo, en 1643, y murió dos años después.

Enemistado con Góngora, Ruiz de Alarcón y Juan Pérez de Montalban, discípulo y biógrafo de Lope de Vega, Francisco de Quevedo escribió lo mismo en verso que en prosa, composiciones que han pasado a la historia. Una de sus mejores obras y de las más conocidas es El buscón, llamado después El gran tacaño, novela picaresca que data de 1626. Los Sueños comprende un conjunto de sátiras en las que destaca la mordacidad del autor.

Se considera actualmente a Quevedo como una de las más grandes figuras de la literatura mundial. Como poeta del barroco, perteneció a la escuela conceptista. Recurrió a hipérboles, antítesis, metáforas, para crear una obra singular, efectista, que le dio renombre. Otorgó además a sus composiciones poéticas tintes realistas que retumbaron con vigor. La moral en sus poemas es de carácter práctico, más que abstracto. Destacó en sus sonetos con estrambote. Fue discípulo de los jesuitas e intuyó la decadencia del imperio español:

“y es más fácil, oh España, en muchos modos
que lo que a todos les quitaste sola
te puedan a ti sola quitar todos”.

Se ha dicho, con razón, que el estilo literario de Quevedo se basa en contrastes y, cuando se trata de varios personajes, contraposición de caracteres. El tono frecuentemente va de lo divertido a lo grotesco, de la farsa a la tragedia, de lo burlesco popular a la ironía sutil.

De los temas filosóficos y religiosos, destaca el conjunto poético Heráclito cristiano y segunda arpa a imitación de David, 28 salmos, estructurados con sonetos y silvas. Se instala el autor lo mismo en el apego a la filosofía antigua que en sus propias ideas y pensamiento. La lírica amorosa consta de más de doscientas composiciones. Y las obras satíricas fueron escritas en formas muy diversas.

Del “divertido vivir” y de que “la muerte llega impensada”, escribe el poeta:
“Como el que, divertido, el mar navega,
y, sin moverse, vuela con el viento,
y antes que piense en acercarse, llega.”

Para el teatro, escribió Quevedo algunos entremeses, comedias, diálogos. Y su epistolario consta de 279 cartas.

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Amor constante más allá de la muerte


Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
horas a su afán ansioso lisonjera:

mas no, de esotra parte en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a la ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, más tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

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