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Gabriel García Márquez
(Colombia, 1928- )
Premio Nobel en 1982, el colombiano Gabriel García Márquez escribió en ciudades de la República Mexicana la mayor parte de su célebre novela Cien años de soledad, que le llevó año y medio de trabajo y se publicó en Buenos Aires, en 1967.
¿Y qué hacía este colombiano en México?

Llegó en julio de 1961 y dirigió revistas no precisamente de nivel intelectual, pero sí de gran difusión: Sucesos para todos y La familia. Colaboró también en México en la Cultura y en la Revista Mexicana de Literatura, trabajó en una agencia de publicidad y publicó aquí Los funerales de mamá grande (1962), El coronel no tiene quien le escriba (1963), y la primera edición de La mala hora, en 1966. Ha residido en el Distrito Federal y en Cuernavaca, así como en Barcelona. Como periodista escribe en diversas revistas mexicanas y suyos son argumentos de películas mexicanas de éxito, entre ellas En este pueblo no hay ladrones, Tiempo de morir y María de mi corazón, además de adaptar al cine, con Carlos Fuentes y Roberto Gavaldón, la historia de Juan Rulfo, El gallo de oro.

El amor en los tiempos del cólera es otra de sus novelas más leídas. En el párrafo final escribe: “. . . lo asustó la sospecha tardía de que es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites. / --¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? / Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches. / --Toda la vida --dijo.”

El más reciente libro de García Márquez, autobiografía, empieza por tener un muy buen título: Vivir para contarla.

En El coronel no tiene quien le escriba, hace quince años que el protagonista espera que el gobierno le anuncie la llegada de una pensión prometida. La carta nunca llega pero el coronel no pierde su dignidad. Militó durante la guerra civil en el bando derrotado y ahora pasa hambre. Perdió a su único hijo y quedó convertido en un ser patético, más que nada por su ingenuidad. Viene siendo un personaje a la manera de los héroes griegos, a la vez héroes y mártires, en un mundo actual de corrupción, miseria y asesinatos. El caso del coronel es el de la soledad y aislamiento que padece toda una colectividad de marginados.

Incursionó también Gabriel García Márquez en el teatro: Diatriba de amor contra un hombre sentado es monólogo estrenado en un festival iberoamericano en 1994: retrato de una mujer que reconstruye el fracaso de una vida compartida. “Nada se parece tanto al infierno como un matrimonio feliz”.

Gabo García Márquez es también cuentista. De Cien años de soledad tomó los personajes de su relato La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada.

Cien años de soledad es ya obra clásica de la literatura castellana, que en el mundo entero ha fascinado a dos generaciones, más la tercera ya presente. Mezcla de realidad e imaginación, los personajes de esta novela y sus ritos quedan definitivamente inscritos en lo mejor de la literatura universal. Magia y poesía se unen en una obra de excepcional calidad.

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Cien años de soledad
(Fragmento final)

“. . .Aureliano dio un salto. Entonces empezó el viento tibio, incipiente, lleno de voces del pasado, de murmullos de geranios antiguos, de suspiros de desengaños anteriores a las nostalgias más tenaces. No lo advirtió porque en aquel momento estaba descubriendo los primeros indicios de su ser, en un anhelo concupiscente que se dejaba arrastrar por la frivolidad a través de un páramo alucinado, en busca de una mujer hermosa a quien no haría feliz. Aureliano lo reconoció, persiguió los caminos ocultos de su descendencia, y encontró el instante de su propia concepción entre los alacranes y las mariposas amarillas de un baño crepuscular, donde un menestral saciaba su lujuria con una mujer que se le entregaba por rebeldía. Estaba tan absorto, que no sintió tampoco la segunda arremetida del viento, cuya potencia ciclónica arrancó de los quicios las puertas y las ventanas, descuajó el techo de la galería oriental, y desarraigó los cimientos. Sólo entonces descubrió que Amaranta Úrsula no era su hermana sino su tía, y que Francis Drake había asaltado a Richacha solamente para que ellos pudieran buscarse por los laberintos mas intrincados de la sangre, hasta engendrar el animal mitológico que había de poner término a la estirpe. Macondo era ya un pavoroso remolino de polvo y escombros centrifugado por la cólera del huracán bíblico, cuando Aureliano saltó once páginas para no perder el tiempo en hechos demasiado conocidos, y empezó a descifrar el instante que estaba viviendo, descifrándolo a medida que lo vivía, profetizándose a sí mismo en el acto de descifrar la última página de los pergaminos, como si se estuviera viendo en un espejo hablado. Entonces dio otro salto para anticiparse a las predicciones y averiguar la fecha y las circunstancias de su muerte. Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o de los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.

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