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Gustavo Adolfo Bécquer
(España, 1836-1870)
Más de un siglo después de escritas, las Rimas de Bécquer se siguen leyendo. Esencialmente románticas, ejercen fascinación en jóvenes y adultos en tiempos de tecnología y cibernética. Y sus Leyendas, con frecuencia truculentas, imaginación desabordada, atrapan al lector cuando ya todo ha sido dicho por el romanticismo auténtico, el alemán y el francés; cuando ya todo ha sido dicho por los surrealistas. Romanticismo no es lo cursi, no es la telenovela sino esa angustia existencial que los verdaderos creadores del movimiento romántico europeo, grandes autores como Holderlin, Nerval, Jean Paul, supieron expresar. No llega a esos altos niveles el romanticismo de Gustavo Adolfo Bécquer, pero tampoco es despreciable y tiene su lugar en la historia de la literatura en lengua castellana.

En Sevilla estudió pintura y en Madrid fue periodista y funcionario. Escribió la mayor parte de sus rimas entre 1867 y 1868, pero se perdió el manuscrito y solamente algunas que sabía de memoria pudieron ser reconstruidas en un cuaderno que se llamó Libro de los gorriones. En vida, Bécquer sólo publicó una Historia de los templos de España. Actualmente en su obra como escritor destacan las Rimas y las Leyendas, éstas en prosa, así como Cartas literarias a una mujer, en las que expone teorías sobre el amor y la poesía.

La intensa vida interna de Gustavo Adolfo alentó su sensibilidad. Se le considera un gran poeta malogrado, admirador de Heine. Bécquer, poeta “de lo huidizo y de la hoja movida por el viento”, en palabras de Ángel Valbuena Prat. Siempre fue Bécquer enfermizo y siempre también lo rodeó un halo de poesía que parecía natural en él y olvidando la forma imponía las palabras. Su lírica es pura, a veces ingenua, como la de muchos grandes poetas.

Las Leyendas, escritas en prosa, merecen elogio; La creación y El caudillo de las manos rojas se cuentan entre las más conocidas. Atmósferas de colores y de fuego, ambientes siempre líricos, lo suficientemente borrosos para alejarse del realismo y convencer. Prosa que adquiere a veces una forma más cadenciosa que el mismo verso. Talento de Bécquer; en sus Leyendas, mundos inquietantes.

Frecuentemente se compara a Bécquer con Campoamor, aunque se trata de dos distintos conceptos del romanticismo en la literatura hispánica. En todo caso, Gustavo Adolfo Bécquer queda como poeta lírico, figura señera de la poesía, creador de una belleza íntima que convence al lector y que antecede a la obra creativa de otro gran poeta: Juan Ramón Jiménez.

Rimas del Libro de los gorriones

                      I

Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de ese himno,
cadencias que el aire dilata en las sombras.
Yo quisiera escribirlo, del hombre
domando el rebelde, mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.
Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarlo, y apenas, ¡oh hermosa!,
si, teniendo en mis manos las tuyas,
pudiera al oído cantártelo a solas.

                     II

Saeta que voladora
cruza arrojada al azar,
sin adivinarse dónde
temblando se clavará:
hoja que del árbol seca
arrebata el vendaval,
sin que nadie acierte el surco
adonde caer volverá;
gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar,
y rueda y pasa, y no sabe
qué playa buscando va:
luz que en cercos temblorosos
brilla, próxima a expirar
ignorándose cuál de ellos
el último brillará:
eso soy yo, que al acaso
cruzo el mundo, sin pensar
de dónde vengo, ni adónde
mis pasos me llevarán.

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