| | Volver al índice José Martí (Cuba, 1853-1895) “Obreros de la razón”, llamó José Martí a los estudiantes de 1875, cuando escribió en defensa de la huelga que ellos sostenían. En el mismo año había organizado una representación teatral para apoyar la huelga de sombrereros.Hombre de ideales. Escritor y patriota, José Martí.
De 1868 a 1878 transcurrió en Cuba la Guerra de los Diez Años, como parte del movimiento independentista. Pero la llamada Paz de Zanjón restableció la colonia durante veinte años más. Quería Cuba independizarse de España y lo logró, mas sólo para caer en la hegemonía estadunidense. En 1897 España concede la autonomía a la isla, pero interviene Estados Unidos y la guerra prosigue hasta la definitiva derrota de la península ibérica, que abandona Cuba en 1899. Estados Unidos queda con el control del tabaco y del azúcar y la soberanía de la isla queda limitada por la Enmienda Platt, que otorga a Estados Unidos el derecho de intervención militar y de tutela sobre la política exterior cubana.
A todo esto, en 1895, había comenzado el levantamiento definitivo por la independencia, que tuvo por dirigentes a José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez. En 1895, mes de abril, Martí se embarca en Nueva York al frente de una expedición para liberar a Cuba. Muere el 19 de mayo en la batalla de Dos Ríos. Ante el arribo de las tropas españolas, José Martí había recibido orden de retirarse de la lucha. Mas no obedeció por considerar dicha orden contraria a su honor y con otros compañeros, armado con un revólver, avanza hacia las filas españolas. Muere de tres heridas y el jefe español Sandoval rinde homenaje a su valentía. Tiempos heroicos. Sentido del honor.
Como escritor José Martí ha sido comparado con Cervantes, no solamente porque ambos fueron soldados sino en el sentido de que, como el Quijote, la obra de Martí no nace de los libros sino de la vida misma. A pesar de los muchos avatares en la vida de José Martí, condenado a trabajos forzados en 1871, deportado en 1984 a España, donde se titula en derecho en la Universidad de Zaragoza, nuevamente detenido y deportado a España en 1978, viviendo después en París y Nueva York, se dio tiempo para escribir una obra literaria que todavía perdura.
A México vino para casarse con una joven cubana, en 1877, pero ya en 1875 había estado aquí; en tierras mexicanas fue cronista teatral, crítico de arte y editorialista, dio conferencias, escribió poesía y fundó la Sociedad Alarcón. En 1885 su novela Amistad funesta recrea hechos de su paso por nuestro país. Regresó todavía en 1894, en pos de ayuda económica para su lucha libertaria, y se dice que Porfirio Díaz se la proporcionó. Como poeta es muy conocido por sus Versos sencillos. Son también muy leídas sus Cartas de Nueva York. Y de su célebre Diario desaparecieron, fueron arrancadas las hojas correspondientes a cierta entrevista secreta en la que estuvieron presentes, en el ingenio La Mejorana, Martí y su amigo Juan Gulberto Gómez, representante del Partido Revolucionario en la Habana, así como Antonio Maceo. Se acercó José Martí al modernismo, se liberó después de artificios barrocos pero al barroquismo volvió, para posteriormente instalarse en un estilo realista, tirando a frondoso y exaltado, pero siempre natural, auténtico, acorde con su personalidad y las diversas circunstancias de su vida. La literatura para él se tradujo en fuente de placer y de saber; en la creación artística vivió sus mejores momentos.
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Diario De Montecristi a Dos Ríos (Fragmentos. El último texto está escrito 4 días antes de la muerte de Martí)
5 de mayo
. . . En la mesa opulenta y premiosa, de gallina y lechón, vuélvese al asunto: me hiere, y me repugna; comprendo que he de sacudir el cargo, con que se me intenta marcar, de defender ciudadanesco de las trabas hostiles al movimiento -militar. Mantengo, rudo: el Ejército, libre, y el país, como país y con toda su dignidad representado. Muestro mi descontento de semejanza indiscreta y forzada conversación, a mesa abierta, en la prisa de Maceo por partir. Que va a caer la noche sobre Cuba, y que ha de andar seis horas. Allí cerca, están sus fuerzas; pero no nos lleva a verlas: las fuerzas reunidas de Oriente --Rabí, de Jiguaní, Busto, de Cuba, las de José, que trajimos. A caballo, adiós rápido. Por ahí se van ustedes --y seguimos, con la escolta mohina; ya entrada la tarde, sin los asistentes que quedaron con José, sin rumbo cierto, a un galpón del camino, donde no desensillamos. Van por los asistentes: seguimos a otro rancho fangoso, fuera de los campamentos, abierto a ataque. Por carne manda G. al campo de José: la traen los asistentes. Y así, como echados, y con ideas tristes, dormimos. . . ”
9 de mayo
. . . Como sobre alfombra van los caballos, de lo mucho del césped. Arriba el curujeyal da al cielo, o la palma nueva, o el dagame que da la flor más fina, amada de la abeja, o la guásima, o la jatía. Todo es festón y hojeo, y por ende los claros, a la derecha, se ve el verde del limpio, a la otra margen, abrigado y espeso. Veo allí el ateje, de copa alta y menuda, de parásitas y curujeyes; el caguarán, “el palo más fuerte de Cuba”, el grueso júcaro, el almácigo, de piel de seda, la jagua, de hoja ancha, la preñada güiral, el jigüe duro, de negro corazón para bastones, y cáscara de curtir, el jubabán, de fronda leve, cuyas hojas capa a capa, “vuelven raso el tabaco”, la caoba, de corteza brusca, la quiebrahacha, de tronco estriado, y abierto en ramos recios, cerca de raíces (el caimitillo y el cupey y la pica-pica) y la yamagua, que estanca la sangre. . .
15 de mayo
La lluvia de la noche, el fango, el baño en el Contramaestre: la caricia del agua que corre: la seda del agua. A la tarde, viene la guerrilla: que Masó anda por la Sabana, y nos lo buscan: traen un convoy, cogido en La Ratonera. Lo vacían a la puerta: lo reparte Bellito: vienen telas, que Bellito mide al brazo: tanto a la escolta --tanto a Pacheco, al capitán del convoy, a la gente de Bellito--, tanto al Estado Mayor: velas, una pieza para la mujer de Rosalío, cebollas y ajos, y papas y aceitunas para Valentín. Volver al inicio Volver al índice |