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León Felipe
(España, 1884-1968)
Español-mexicano, porque aquí vivió, trabajó y murió, escritor de prestigio ronocido a nivel internacional, principalmente como poeta, idealista y hombre de bien, en sus versos hay siempre un acento violento y bíblico. Leer a León Felipe resulta una estremecedora experiencia. De él dijo Juan Rejano que terminó en una llama “donde se consumió su propio espíritu”.

Mirada vivaz, traviesa, optimista sólo aparentemente. Trabajo incesante. Por donde iba, ganaba amigos. Y después, en la soledad de la mesa de trabajo, la angustia de la creación, la vida y la muerte. Tenía tendencia a romper sus poemas, y escribía: “Si pudiese romperme yo mismo en mil añicos / y arrojarme en el cesto, en la tumba / de los papeles inservibles”.

León Felipe Camino Galicia llega a México por primera vez en 1923, por gestiones de Alfonso Reyes. Vuelve en 1930 y después del triunfo del fascismo en España, guerra civil de 1936 a 1939, regresa por vez tercera y definitivamente se queda en México, hasta su muerte en el Distrito Federal. Entre mexicanos y como mexicano es importante figura cultural en la capital de la república: cátedra, conferencias, cursos en instituciones mexicanas y del extranjero. En Argentina y en Uruguay se pronuncia contra el imperialismo. En México colabora en España Peregrina, Letras de México y otras publicaciones; en 1942 es cofundador de Cuadernos Americanos, con Jesús Silva Herzog, Bernardo Ortiz de Montellano y Juan Larrea.

Su primer libro publicado aquí (1938) es El payaso de las bofetadas y el pescador de caña; vienen después, entre otras obras que le dan renombre en el mundo, Español del éxodo y del llanto (1939), Ganarás la luz (1943), El ciervo (1958), y ¡Oh, este viejo y roto violín! (1965). Mucho hay de León Felipe en nuestro país: libros y ensayos que lo analiza. Sus Obras completas se publicaron en Buenos Aires en 1963 y abarcan poesía, prosa y teatro; cuando joven, perteneció en España a una compañía de teatro itinerante.

León Felipe, visión siempre alerta: “Cuando el hombre doméstico, egoísta y tramposo, degrada el mundo y todo lo rebaja; cuando las cosas no son lo que deben ser, lo que pueden ser, el mecanismo metafórico del poeta es el primer signo revolucionario. Y antes denuncia nuestras miserias el poeta que el moralista”.

León Felipe, pasión y sinceridad. Calificado --otra vez Juan Rejano-- como “el más destemplado y rebelde de los poetas españoles”, “ahijado del viento”, “una voz desesperada”, “religiosamente atormentado”. Grandes, impresionantes metáforas hay en su obra. Poesía tan personal, que los estudiosos no le encuentran antecedentes ni logran establecer parangones. Versos épicos, heroicos, en la etapa de la guerra en España. Después el lamento, no sólo por la derrota de la libertad y de la justicia sino, a nivel mundial, por la deshumanización, misma que hoy se ha acrecentado e impera. “La poesía de esta hora ­decía-- no ha de ser música ni medida, sino fuego”.

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El horado

La casa y el huésped son dos cosas inseparables y conjuntas como la voz y la garganta.
Y el huésped bajo ningún pretexto puede escapar de la casa
antes de que suene la campana.
Se va, en sueños algunas veces, por la noche. . . pero vuelve otra vez por la mañana.
--Muy bien, Señor Arcipreste. Pero. . . ¿y si todo se hubiese agotado. . .
la panera del grano y el pozo del agua?
¿Si se hubiese apagado el fuego del horno
y en el desván de la memoria no hubiese más que telarañas?
¿Si se hubiese quebrado el cántaro de barro
donde se guardaban las lágrimas
y se hubiesen roto para siempre
las cuerdas de la canción y la guitarra?
¿Si el Evangelio y el libro de las oraciones
los hubiesen comido las ratas?
¿Si se hubiesen cerrado para siempre también con la herrumbre y el hielo
todas las puertas y ventanas. . .
y no fuese más que el oscuro calabozo
de un insomnio perpetuo, la casa?
¿No sería entonces conveniente --es una pregunta, Señor Arcipreste: me salen las preguntas de la boca
como al prestidigitador las palomas y los conejos, de la manga--,
no sería entonces conveniente, pregunto, que el huésped
hiciese un horado en el muro
y se escapase de la casa
antes de que sonase la campana?

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Testamento

Todo para el fuego. Nada para el gusano
de la tierra. . . todas mis pertenencias para el fuego:
Estos espejos,
estos curvos y rotos espejos
con su torcido y sucio azogue fantasmal de veneno. . .
Sólo existen espejos:
el mar y esta lágrima. . . esta gotita amarga de agua.
No quiero verme más.
Nada para el gusano de la tierra
que se lo come un pez
y al pez un rey
y el rey vuelve a mirarse en un espejo.
Todas mis pertenencias para el fuego:
Mi sangre helada, mi carne paralítica también . . .
Y mi esqueleto,
esta jaula grotesca de mis huesos
donde cantaba ayer el mirlo ciego.
Al fuego todo . . . ¿También el mirlo ciego?

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