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Luis de Góngora y Argote
España (1561-1627)
“Peinar el viento / fatigar la selva”. De eso nos habla Luis de Góngora y Argote, en los primeros versos dedicados “Al conde de Niebla”, de la Fábula de Polifemo y Galatea.

Dedicatoria al poderoso. Era necesaria para poder publicar su obra. Hoy se requiere el apoyo de las instituciones oficiales, al frente de las que suele haber un poderoso a quien el artista tiene que recurrir. Esto de escribir no es oficio muy comercial que digamos, sobre todo si se es buen escritor, si el artista se niega a escribir bodrios convertidos en películas o bien obras de teatro de cara a la taquilla, con el pretexto de que el mal gusto es lo que quiere la gente. Falso. Lo que pasa es que la estulticia es el camino fácil. Góngora nunca recurrió a lo fácil; nada tiene de fácil el gongorismo.

¿Y qué es el gongorismo, o culteranismo? Es el haber trasplantado al idioma castellano vocablos latinos, con la aspiración de crear una lengua aristocrática, en todo distinto de la popular. Para ello, abuso del hipérbaton. Abuso también de las metáforas. Preciosismo lingüístico basado en la erudición y en el empleo de neologismos. Por esto último mucho se criticó a Góngora, pero sin los neologismos ni nuestra lengua ni ninguna otra habrían evolucionado. En el caso de Góngora, no olvidemos las mentalidades de aquellas épocas: estamos en el Siglo de Oro español.

Luis de Góngora estudió leyes en la Universidad de Salamanca y después se ordenó sacerdote. Entre sus protectores, el duque de Lerma y el conde- duque de Olivares. Felipe III de España lo nombró capellán de honor. Y el poeta no se cuidó de publicar su obra, aunque en vida de él hubo algunas ediciones de sus versos. En 1921 se descubre un manuscrito copiado por el conde-duque, con aclaraciones del propio autor, lo cual proporciona base importante para ulteriores estudios. Hoy conocemos, están por todas partes, publicados, reeditados, traducidos, sus sonetos, sus décimas, letrillas, romances, a veces de asunto amoroso y a veces para cantar aventuras picarescas. La Fábula de Polifemo y Galatea y las Soledades se cuentan entre sus composiciones más conocidas y estudiadas.

La Fábula está escrita en octavas reales y las Soledades van en diversidad de metros y estrofas, principalmente estancias y silvas (en decasílabos combinados con heptasílabos), con algunos coros intercalados. El tema principal de las Soledades, bellamente expuesto, entraña una propuesta: la conquista progresiva de nuestra vida interior, olvidando las desilusiones que causa la vida en sociedad.

Góngora fue también dramaturgo-- La destrucción de Troya, Las firmezas de Isabela, pero es principalmente conocido por las Soledades.

A través de los siglos, entre defensores y detractores de don Luis de Góngora y Argote se suscitan prácticamente las mismas discusiones que surgieron durante su vida. Lo irrebatible es su paso a la posteridad como maestro de las letras españolas y su talento, que puede llamarse genio. Quien se acerque a él debe estudiarlo no como el inasequible poeta de laboratorio sino como una persona de nuestro tiempo, con sus cualidades y defectos, dueño en todo momento de una pluma apasionada y atractiva, porque de su trabajo enamorada. Artista revolucionario que en el mundo de las letras causó asombro e indignación, para después ser admirado sin reservas.

Dámaso Alonso lo estudió exhaustivamente. A Góngora se le ha llamado “místico de la palabra”. Es una placer leerlo y ver cómo maneja un lenguaje que no puede ser sino poesía. Lope de Vega y Quevedo sintieron su influencia, tanto en la poesía popular como en la más erudita. Más de 150 sonetos, todos de impecable arquitectura.

Al final da su vida, Góngora se va quedando cada vez más solo. Pierde favores de los poderosos, salud y dinero. Es entonces cuando crea sus Soledades, que quiso fueran cuatro, pero la vida solamente le alcanzó para terminar el primer poema y dejar inacabado el segundo. Ambiente bucólico. Personajes que son felices, como Góngora nunca logró serlo. En el Polifemo, el cíclope que representa lo monstruoso y la sensual belleza de Galatea. El acierto de Góngora, escribe la investigadora Anita Arroyo, empieza al elegir el tema.

Creador situado a la vanguardia del barroquismo, Luis de Góngora y Argote dejó imborrrable huella en la literatura y en el arte, a nivel mundial.

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Fábula de Polifemo y Galatea

Al Conde de Niebla

éstas que me dictó, rimas sonoras,
culta sí aunque bucólica Talía,
oh excelso conde, en las purpúreas horas
que es rosas la alba y rosicler el día,
ahora que de luz tu niebla doras,
escucha, al son de la zampoña mía,
si ya los muros no te ven de Huelva,
peinar el viento, fatigar la selva.

Templado pula en la maestra mano
el generoso pájaro su pluma,
O tan mudo en la alcándara, que en vano
aun desmentir al cascabel presuma;
tascando haga el freno de oro cano
del caballo andaluz la ociosa espuma;
gima el lebrel en el cordón de seda,
y al cuerno al fin la cítara suceda.

Treguas al ejercicio sean robusto
ocio atento, silencio dulce, en cuanto
debajo escuchas de dosel augusto
del músico jayán el fiero canto.
Alterna con las Musas hoy el gusto,
que si la mía puede ofrecer tanto
Clarín --y de la Fama no segundo--,
tu nombre oirán los términos del mundo.

Soledad Primera
(Fragmento)

Era del año la estación florida
en que el mentido robador de Europa
--media luna las armas de su frente,
y el Sol todos los rayos de su pelo-, v
luciente honor del cielo,
en campos de zafiro pace estrellas.
Cuando el que ministrar podía la copa
a Júpiter mejor que el garzón de Ida
--náufrago y desdeñado, sobre ausente--,
lagrimosas de amor dulces querellas
da al mar, que condolido,
fue a las ondas, fue al viento
el mísero gemido,
segundo de Arión dulce instrumento.

Del siempre en la montaña opuesto pino
al enemigo Noto
piadoso miembro rotov
--breve tabla-- delfín no fue pequeño
al inconsiderado peregrino
que a una Libia de ondas su camino
fió, y su vida a un leño,
del océano, pues, antes sorbido,
y luego vomitado
no lejos de un escollo coronado
de secos juncos, de calientes plumas
--alga todo y espumas—
halló hospitalidad donde halló nido
de Jupiter el ave.

Besa la arena y de la rota nave
aquella parte poca
que le expuso en la playa dio a la roca:
que aun se dejan las peñas
lisonjear de agradecidas señas.

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