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Manuel Gutiérrez Nájera
(México, 1859-1895)
Tiene gran influencia en la poesía romántica modernista que publicó en la Revista Azul. Manuel Guatiérrez Nájera la creó un año antes de morir. Sus 36 años de vida le alcanzaron para colaborar en unos cuarenta periódicos y utilizar más de 60 seudónimos, entre ellos el más conocido es El Duque de Job. Se llamó Manuel Demetrio Francisco de Paula de la Santísima Trinidad Guadalupe Ignacio Antonio Miguel y Joaquín Guttiérrez Nájera. A la edad de 16 años era empleado de El Puerto de Veracruz. Escribió crónicas sociales y de teatro. Está considerado como uno de los innovadores de la literatura mexicana.

En sus composiciones poéticas: perfección y música. Destacan Trístissima nox y Non omnis moriar. Justo Sierra, citado por Luis G. Urbina en su libro La vida literaria de México, describe así a Gutiérrez Nájera: “Un poeta atormentado por el deseo de la felicidad y la sed de la verdad es una tragedia que pasa cantando por la mascarada humana; eso era Manuel, eso era esa alma enferma de ideal, que, como algún día dijo de la de Joubert, estaba encerrada y cohibida por un cuerpo cualquiera encontrado por casualidad”.

Del aspecto físico de Gutiérez Nájera escribe Luis G. Urbina: “Las caricaturas de la época simplificaban tres cosas para caracterizarlo; una nariz, una gardenia, un puro. Porque ni el puro en los labios ni la gardenia en el ojal se separaban de él jamás”. Carlos González Peña, en su Historia de la literatura mexicana, considera a Luis G. Urbina como “el sucesor directo de Gutiérrez Nájera”.

Francisco Montes de Oca, en su compendio Ocho siglos de poesía en lengua castellana, cita de Manuel Gutiérrez Nájera el célebre cuarteto inicial de su poema Non omnis moriar: “¡No moriré del todo, amiga mía! / De mi ondulante espíritu disperso, / algo en la urna diáfana del verso/ piadosa guardará la poesía”.

Fue Gutiérrez Nájera sentimental y lírico, equidistante del romanticismo y del modernismo. Entre sus principales libros se cuentan: Poesías (1896), Poesías completas (1953), Cuentos completos (1958) y Obras, crítica literaria (1959). De sus relatos detacan los Cuentos de color de Humo y también entre sus narraciones, las Cuaresmas del Duque de Job.

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Cuentos de color de Humo
Rip-Rip

(Fragmento)

Logró, por fin, burlar a sus perseguidores. ¡Allá va Rip como lobo hambriento! ¡Allá va por lo más intrincado de la selva! Tenía sed . . . La sed que han de sentir los incendios. Y se fue derecho al manantial. . . a beber, a hundirse en el agua y golpearla con los brazos. . . acaso, acaso a ahogarse. Acercose al arroyo y allí, en la superficie, salió la muerte a recibirlo. ¡Sí; porque era la muerte, en figura de hombre, la imagen de aquel decrépito que se asomaba al cristal desde la onda! Sin duda, venía por él ese lívido espectro. No era de carne y hueso, ciertamente; no era un hombre, porque se movía a la vez que Rip, y esos movimientos no agitaban el agua. No era un cadáver, porque sus manos y sus brazos se torcían y retorcían. ¡Y no era Rip, no era él! Era como uno de sus abuelos, que se le aparecía para llevarlo con el padre muerto. “Pero, ¿y mi sombra?”, pensaba Rip. “¿Por qué no se retrata mi cuerpo en ese espejo? ¿Por qué veo y grito, y el eco de esa montaña no repite mi voz, sino otra voz desconocida?”

¡Y allá fue Rip a buscarse en el seno de las ondas! ¡Y el viejo, seguramente, se lo llevó con el padre muerto, porque Rip no ha vuelto!
¿Verdad que éste es un sueño extravagante?

Yo veía a Rip muy pobre, lo veía rico; lo miraba joven, lo miraba viejo; a ratos en una choza de leñador, a veces en una casa cuyas ventanas lucían cortinas blancas; ya sentado en aquel sillón de otate y cuero, ya en un sofá de ébano y raso. . . no era un hombre, eran muchos hombres . . . tal vez todos los hombres.

No me explico cómo Rip no pudo hablar, ni cómo su mujer y su amigo no lo conocieron, a pesar de que estaba tan viejo; ni por qué antes se escapó de los que se proponían atarlo como a loco; ni sé cuántos años estuvo dormido o aletargado en esa gruta.

¿Cuánto tiempo durmió? ¿Cuánto tiempo se necesita para que los seres que amamos y que nos aman nos olviden? ¿Olvidar es delito? ¿Los que olvidan son malos? Ya veis qué buenos fueron Luz y Juan cuando socorrieron al pobre Rip que se moría. La niña se asustó; pero no podemos culparla; no se acordaba de su padre. Todos eran inocentes, todos eran buenos . . . y sin embargo, todo esto da mucha tristeza.

Hizo muy bien Jesús el Nazareno en no resucitar mas que a un solo hombre, y eso a un hombre que no tenía mujer, que no tenía hijas y que acababa de morir. Es bueno echar mucha tierra sobre los cadáveres.

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