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Martín Luis Guzmán
(México, 1877-1976)
Entre los autores de La Novela de la Revolución Mexicana, conjunto de obras así llamadas porque se inspiran en acontecimientos políticos y militares de nuestro país a partir de 1910 hasta la muerte de Venustiano Carranza, en 1920, destaca Martín Luis Guzmán. Nacido en la ciudad de Chihuahua, hijo de un coronel del ejército porfirista, Martín Luis se une a la revolución de Francisco I. Madero.

Cuando en 1913 Victoriano Huerta ordena el asesinato de Madero, Guzmán se incorpora a las fuerzas de los revolucionarios del norte, Álvaro Obregón y Venustiano Carranza; posteriormente se une a Francisco Villa, que lo nombra coronel. Preso con otros villistas en la Penitenciaría, la Convención de Aguascalientes lo pone en libertad y llega a la capital de México con el convencionista Eulalio Gutiérrez. Pero cuando éste rompe con Villa, Guzmán sale del país, vive en Nueva York y posteriormente en España.Ejerce el periodismo y regresa a México en 1936, cuatro meses antes del golpe de Estado de Francisco Franco, que provocó la guerra civil española con más de un millón de muertos de 1936 a 1939 y posteriormente, durante 40 años, represalias, cárceles, torturas, fusilamientos, hasta la muerte del dictador en 1976.

En Madrid Martín Luis Guzmán publica sus novelas de éxito: El águila y la serpiente (1928) y La sombra del caudillo (1929), traducidas a varios idiomas y que desde sus primeras ediciones despertaron vivo interés entre públicos europeos.

El águila y la serpiente es novela autobiográfica, en el marco de sucesos que transcurren de 1913, Huerta en la Presidencia, y 1915, caída del gobierno de la Convención, presidido por Eulalio Gutiérrez. Todos los caudillos de la Revolución están presentes en el relato y el joven protagonista y autor de la novela se siente defraudado por quienes utilizan a la Revolución para tratar de satisfacer sus ambiciones personales.

Guzmán reprocha a los revolucionarios su falta de cultura, de patriotismo y de respeto a la vida humana y se retrata a sí mimo como el intelectual que entró en la lucha política para salvar a su patria. Mezcla de hechos históricos y ficción. En palabras del autor, citadas por Antonio Castro Leal, lo que quiso hacer con la Revolución fue “el retrato de sus hombres y la pintura de sus escenas, urdidos los unos con las otras y tramando todo mediante un procedimiento tal que, dando unidad al conjunto y liberándolo de ser historia, o biografía, o novela, le comunique la naturaleza de los tres géneros en proporción bastante para no restar fuerza al principio creador, ni verdad sustantiva a lo creado”.

En La sombra del caudillo, el relato se sitúa en los años veinte, gobierno de Calles. Novela densa, en la que destaca la figura fuerte y atrayente de Ignacio Aguirre, candidato a pesar suyo a la Presidencia de la República, personaje que Martín Luis Guzmán estudia y analiza brillantemente, en todas las contradicciones de su carácter y problemas de conciencia. Aguirre, amigo de siempre de Calles, quien sin embargo apoya a Hilario Jiménez para la Presidencia. El peso de la balanza está a favor de Aguirre pero el caudillo ve en él un rival demasiado poderoso y permite su asesinato.

Obra construida con gran fuerza, en la que la fatalidad rige la progresión dramática. Ritmo fantástico de una tragedia. Frialdad, crueldad en las descripciones. Valiosa creación literaria de Martín Luis Guzmán.

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El águila y la serpiente
(Fragmento de una escena entre Guzmán y Francisco Villa)

A media plática pidió la cena y me invitó. Con grandes trabajos logré excusarme. Esa noche su cena era más frugal que otras: dos vasos de leche y un trozo de camote asado. Mientras él comía, yo seguía hablando. Los nombres de mis amigos le arrancaban, entre sorbo y sorbo -la mirada puesta siempre sobre mí-, observaciones y juicios llenos de ira:“De ese Vasconcelos ya sabía yo que no era más que un intelectual traidor”.“¿General blanco? ¡Nada de general! Mero relumbrón y titiritero”.

“Eugenio, ya se lo dije, es el peor de todos, el más falso. A él se debe lo de los otros. . . ¿Y sabe usted que también Luisito me la ha hecho? Lo veo y no lo creo. Pues, ¿quién, señor, quién en su triste vida lo trató mejor que yo?”
“A Ulalio lo culpo menos. No era mi amigo. Me la cantó y me la hizo. Estaba en su derecho de hombre. ¿Pero los otros? ¿Los del engaño?”
Cuando concluyó de cenar se puso en pie. Así escuchó lo poco que me quedaba por contarle. Luego dio dos o tres pasos en la estrechez del gabinete y se quitó el sombrero para cambiarlo por otro que pendía de la percha. Los pliegues del suéter se le reacomodaron al estirar el brazo: asomó la canana, corrieron reflejos de luz artificial desde el rosario de la balas de acero hasta las cachas de la pistola; la cadera viril mostró su juego en plena fuerza.
Acercándome a él, le dije:
-Bueno, general. . .
-Sí, licenciado -contestó-; vaya a tomarse su descanso. Y ya lo sabe: desde esta noche se queda aquí conmigo. Ahorita mero mando que le preparen el gabinete que ocupaba Luisito, porque usté, en lo sucesivo, va a ser mi secretario. ¿O tiene algún obstáculo? Hábleme como los hombres.
Otra vez mi vida quedaba pendiente de un cabello; pero era inevitable correr el albur hasta lo último.
-Sólo le pido a usted una cosas, general.
-Dígamela, luego lueguito.
-Mi familia salió de México en el último tren de pasajeros. Si está en Chihuahua, no lo sé. Acaso se encuentra en El Paso. . . Yo quisiera. . . de ser posible. . . que me permitiera usted. . . ir en su busca. . .
Villa inclinó el rostro sobre mí. Me miraba con fijeza; de nuevo me tenía cogido por las solapas. Guardó silencio por breves segundos y luego me dijo:-¿También usté me va a abandonar?
Creí ver pasar la muerte por sus dos ojos.
-Yo, general. . .
-No me abandone, licenciado; no lo haga, porque yo, créamelo, sí soy su amigo. ¿Verdá que no se va para abandonarme?
-General. . .
-Y vaya en busca de su familia: se lo consiento. ¿Necesita recursos? ¿Quiere un tren pa usté solo?
Entonces respiré.

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