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Rómulo Gallegos
(Venezuela, 1884-1969)
ARómulo Gallegos Freire, profesor de historia y filosofía del Liceo Andrés Bello, político nacido en Caracas, jefe del partido Acción Democática. En diciembre de 1947, después que la población le otorgó las tres cuartas partes de los votos, fue designado presidente de la República. Al año siguiente, fue derribado por un golpe de Estado militar, encabezado por el ministro de la guerra, Delgado Chalbaud.

A los 25 años público Rómulo Gallegos su primera novela: La alborada. Siguieron Reinaldo Solar, La Trepadora y, en 1929, Doña Bárbara, relato naturalista que le dio fama universal. No deja de resultar injusto que a nivel popular Rómulo Gallegos se conozca únicamente por la película que se hizo con base en el personaje de doña Bárbara. Canaima y Cantaclaro son del mismo autor, llevadas también al cine mexicano.

En 1949 Rómulo Gallegos había fijado su residencia en México. En 1958, derrocada la dictadura militar, regresa a su patria, donde es recibido con honores. A partir de entonces está presente en la vida cultural no solamente de su país sino de Latinoamérica.

El 26 de septiembre de 1956, en el Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México, participó en la ceremonia de clausura del Congreso por la Libertad de la Cultura, con otros escritores latinoamericanos y estadunidenses. Ante estos últimos, se refiere Gallegos al peligro que implican para Latinoamérica la lucha por el monopolio del petróleo y del azúcar, así como el cultivo de bananos:

“Porque bananos en Centroamérica, petróleo en Venezuela y Colombia y, para endulzar la píldora, azúcar en Santo Domingo y Cuba, mejor se les dan a quienes aspiran a pingües negocios tranquilos a la sombra de una espada complaciente que en las inmediaciones de una urna electoral donde una mano de pueblo meta voluntad de pueblo. Que es ejercicio de cultura fundamental cuya libertad reclama amparo y defensa positivos”.

Así, Gallegos calificó el voto ciudadano como “ejercicio de cultura fundamental”. En cuanto a los monopolios de bananos, azucareros y petroleros, el escritor estadunidense John Dos Passos le replica diciendo que su país no tiene la culpa de los males de Latinoamérica, los dictadores son creados por ustedes, los latinoamericanos. Y Galllegos le contesta: “¡Cierto!, pero ustedes son los que los amamantan”.

Actualmente, se considera a Rómulo Gallegos como uno de los más grandes novelistas de América. Liberal siempre, durante la guerra civil de España fue partidario del gobierno republicano y repudió el franquismo fascista. Había vivido exiliado en España desde 1931 (proclamación de la República) a 1936 (golpe de Estado del militar traidor e inicio de la guerra).

Fue Gallegos a España por no aceptar la senaduría que le ofrecía el dictador venezolano Juan V. Gómez y a la muerte de éste regresó a su país, donde se le nombró ministro de Instrucción Pública. A México lo consideró como una segunda patria. De 1952 a 1955 vivió en Morelia, donde escribió La brizna de paja en el viento. En la ciudad de México publicó La doncella y el último patriota (1957). En Venezuela, 1958, recibió el Premio Nacional de Literatura.

Doña Bárbara
(Fragmento final)

La noticia corre de boca en boca: ha desaparecido la cacica del Arauca.
Se supone que se haya arrojado al tremendal, porque hacia allá la vieron dirigirse, con la sombra de una trágica resolución en el rostro; pero también se habla de un bongo que bajaba por el Arauca y en el cual alguien creyó ver una mujer.
Lo cierto era que había desaparecido, dejando sus últimas voluntades en una carta para el doctor Luzardo y la carta decía:
“No tengo más heredera sino a mi hija Marisela, y así la reconozco por ésta, ante Dios y ante los hombres. Encárguese usted de arreglarle todos los asuntos de la herencia”.

Pero como era cosa sabida que tenía mucho dinero enterrado y de esto nada decía la carta, y además, en el cuarto de las brujerías se encontraron señales de desenterramientos, a la presunción de suicidio se opuso la de simple desaparición, y se habló mucho de aquel bongo que, navegando de noche, ya eran varias las personas que lo habían sentido pasar, Arauca abajo . . .

Llegó el alambre de púas comprado con el producto de las plumas de garza y comenzaron los trabajos. Ya estaban plantados los postes, de los rollos de alambre iban saliendo los hilos y en la tierra de los innumerables caminos por donde hace tiempo se pierden, rumbeando, las esperanzas errantes, el alambrado comenzaba a trazar uno solo y derecho hacia el porvenir.

Míster Danger, como viese que sus lambederos iban a quedar encerrados y ya no podrían las reses ajenas venir a caer bajo sus lazos por lamer el amargo salitre de sus barrancas, se encogió de hombros y dijo:
-¡Se acabó esto, míster Danger!
Cogió su rifle, se lo terció a la espalda, montó a caballo y, de paso, les gritó a los peones que trabajaban en la cerca:
-No gasten tanto alambre en cerrar los lambederitos. Díganle al doctor Luzardo que míster Danger se va también.

Transcurre el tiempo prescrito por la ley para que Marisela pueda entrar en posesión de la herencia de la madre, de quien no se ha vuelto a tener noticias, y desaparece del Arauca el nombre de El Miedo, y todo vuelve a ser Altamira.
¡Llanura venezolana! ¡Propicia para el esfuerzo, como lo fue para la hazaña, tierra de horizontes abiertos, donde una raza buena, ama, sufre y espera! . . .

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