| | Volver al índice San Juan de la Cruz (España, 1542-1591) El más grande poeta místico español, carmelita descalzo, amigo y confidente de Santa Teresa de Jesús y continuador de su obra es Juan de Yepes y Álvarez. Al decidir emprender con Santa Teresa la reforma de la orden carmelitana, toma el nombre de Juan de la Cruz. Es canonizado el 27 de diciembre de 1726.
Fundador del primer convento de carmelitas descalzos, rivalidades entre religiosos lo hicieron ir a dar a prisión, en Toledo, pero logró escapar y ocupó después importantes cargos en su orden. Estando en la cárcel, una celda pequeña, estrecha, en la que escaseaba el aire, escribió parte de su célebre Cántico espiritual, inspirado en el Cantar de los Cantares de la Biblia. “Poeta de lo divino”, no hay en San Juan de la Cruz influencia de otros escritores místicos. Más bien su alma busca su inspiración acercándose a Dios, aunque con humildad, hasta llegar a decir que solo el amor es su ejercicio.
Las Obras espirituales, conjunto de poemas místicos y prosas doctrinales a manera de paráfrasis, se publicaron en 1618; son obra póstuma, que le dio fama mundial. En ella se revela el autor no solamente como excepcional poeta místico sino también como teólogo. Para ello se basa en la caridad, doctrina profesada por San Pablo, y en un amor a Dios tan grande que se transforma en el conocimiento considerado como el más total que de Él se puede tener sobre la tierra. En Subida del Monte Carmelo, palabras sencillas, estremecedoras. Una profunda nostalgia de la naturaleza divina. Camino de un alma resuelta a despojarse de todo, para ponerse enteramente entre las manos de Aquél a quien ama por sobre todos los seres y cosas. El alma que permita que la obra de Dios se haga en ella, quedará unida a Dios, participará de la divinidad, será Amor. Para ello, renunciar “a toda ciencia”. Nada poseer, para poder tenerlo todo. Así, la Noche oscura del alma es abolir todo acto de inteligencia ya que será Dios quien nos comunique un conocimiento sobrenatural de lo que es el amor. Entre las obras más conocidas de San Juan de la Cruz están también Llama de amor vio, Cánticos Espirituales entre el alma y Cristo su esposo (conocida también como Cántico espiritual) y Avisos para después de profesos, escrita por el poeta en el último año de su vida. Diversas interpretaciones para la obra de San Juan de la Cruz. Pero siempre el indiscutible, altísimo valor poético.
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Subida del Monte Carmelo Canciones
En que canta el alma la dichosa ventura que tuvo en pasar por la oscura noche de la fe, en desnudez y purgación suya, a la unión del Amado.
(Fragmento)
En una noche oscura, con ansias, en amores inflamada, ¡oh dichosa ventura!, salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada.
A oscuras y segura por la secreta escala, disfrazada, ¡oh dichosa ventura!, a oscuras y en celada, estando ya mi casa sosegada.
En la noche dichosa, en secreto que nadie me veía ni yo miraba cosa, sin otra luz y guía sino la que en el corazón ardía.
Aquesta me guiaba más cierto que la luz del mediodía adonde me esperaba quien yo bien me sabía, en parte donde nadie parecía. ¡Oh noche que guiaste!, ¡oh noche amable más que la alborada!; ¡oh noche que juntaste Amado con amada, amada en el Amado transformada!
En mi pecho florido, que entero para él solo se guardaba, allí quedó dormido y yo le regalaba, y el ventalle de cedros aire daba.
El aire de la almena, cuando yo sus cabellos esparcía, con su mano serena en mi cuello hería y todos mis sentidos suspendía.
Quedéme y olvidéme, el rostro recliné sobre el Amado; cesó todo y dejéme, dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado.
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Cántico Espiritual Canciones entre el alma y el Esposo (Fragmentos)
Esposa
¡Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido? Como el ciervo huiste, habiéndome herido; salí tras ti clamando, y eras ido.
Pastores, los que fuerdes allá por las majadas al otero: si por ventura vierdes aquel que yo más quiero, decidle que adolezco, peno y muero.
Buscando mis amores iré por esos montes y riberas; ni cogeré las flores ni temeré las fieras, y pasaré los fuertes y fronteras.
¡Oh bosques y espesuras, plantadas por la mano del Amado!, ¡oh prado de verduras de flores esmaltado!; decid si por vosotros ha pasado.
Mil gracias derramando pasó por estos sotos con presura y, yéndolos mirando, con su sola figura vestidos los dejó de hermosura.
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Esposo
En sólo aquel cabello que en mi cuello volar consideraste, mirástele en mi cuello y en él preso quedaste, y en uno de mis ojos te llagaste.
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