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Santa Teresa de Jesús
(España, 1515-1582)
Con San Juan de la Cruz, Santa Teresa destaca en la cumbre de la creación mística en lengua española. Carácter y fuerza de voluntad en esta mujer castellana. San Juan de la Cruz era tímido y Santa Teresa, fuerza activa. La calidad de los poemas del santo deslumbra, atrapa, conmueve, enamora, conquista sin reserva alguna. Teresa, alma ferviente y aguda, sabía, siempre para mayor gloria de Dios, adueñarse de la voluntad de los demás. Mujer de inteligencia despierta y viva sensibilidad.

Nacida en Ávila, esta gran escritora se llamó Teresa de Cepeda y Ahumada. A los diecinueve años ingresó a la orden Carmelita y en 1562 fundó su primer convento, con base en importantes reformas que ella impuso. Fue perseguida y procesada por la Inquisición. Finalmente se aprobó la institución de una provincia aparte, la de los Carmelitas Descalzos, donde realizó intensa actividad durante el resto de su vida. Fue beatificada en 1514 y canonizada en 1622.

De gran importancia son los escritos de Santa Teresa. Más de 400 cartas, además de las dirigidas a San Juan de la Cruz, que se perdieron. El Libro de su vida, biografía espiritual de gran valor, publicada en Salamanca. Y, entre otras obras, el Castillo Interior, o Las moradas: después de recorrer las siete murallas de un castillo, murallas que son de siete grados de oración, el alma llega por fin a unirse amorosamente con Dios.

De los poemas de Santa Teresa, son los más conocidos y considerados como más bellos los que rezan “Vivo sin vivir en mí”, y la canción en quintillas “Oh hermosura que excedéis”. De su autora dijo Fray Luis de León: “En la forma del decir, y en la pureza y facilidad del estilo y en la gracia y compostura de las palabras y en una elegancia desafectada, que deleita en extremo, dudo yo que haya en nuestra lengua escritura que a ellos se iguale”.

Fundadora de conventos, reformadora de órdenes, con gran sentido de la lucha en la vida práctica, está Santa Teresa convencida de que en las más altas moradas del espíritu no debe abandonarse la actividad, en el sentido de hacer el bien e ir a la conquista de almas. La institución de los Carmelitas, creada hacia 1156 por el conde de Limoges, se dividió posteriormente en las corporaciones de Los Observantes, o Carmelitas Descalzos, y Los Conventuales, o Carmelitas Calzados. La orden de Las Carmelitas, fundada en 1451 por Juan Soreth, fue reformada: la de los varones por San Juan de la Cruz y la de las mujeres por Santa Teresa.

Como escritora, Santa Teresa es representativa de la mística española y en general de toda la mística europea, tanto del siglo XVI como de épocas posteriores. Santa Teresa y San Juan de la Cruz ascienden como poetas místicos al grado más alto de éxtasis y de visión.

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Glosa

Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí;

cuando el corazón le di
puso en él este letrero:
que muero porque no muero.

Esta divina prisión
de amor con que yo vivo
ha hecho a Dios mi cautivo
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a mi Dios prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
que causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga.
Quítame Dios esta carga
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir,
me asegura mi esperanza.
Muerte, do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte,
vida, no me seas molesta
mira que sólo te resta,
para ganarte, perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero,
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
es la vida verdadera;
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva.
Muerte, no seas esquiva;
vivo muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios, que vive en mí,
si no es perderte a ti,
para mejor a Él gozarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.

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